
Bebo y ahogo la mesa con cigarros. Regreso de un café cortado, sola. Me cega un enorme luna dorada. ¡Ay! ¿cómo puede ser tan hermosa? Mataría esta luna que asoma valiente. Me sigue por el espejo retrovisor. Acelero para ver si la pierdo y nada…se cuela por el freno trasero
Me entristece la maldita. Pienso un instante (como niña) y me digo, para acallar la pena regalada: ¡es un gran queso!
Pero mi pena está hincada. Esta pena infinita que escondo cuando no hay luna.
Llego a casa y está sobre mí. Alumbra como nunca, clarea mis pasos
Ahora entiendo
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