Que difícil es despedirse de lo que te “acomoda”, a veces desde esa seudo comodidad nos inmovilizamos y dejamos que la vida transcurra con ulceras, dolores de espalda, angustia y rabia…dejamos que la vida nos lleve para donde se le ocurra sin poner conciencia de nuestras decisiones, dejamos de ser protagonistas de nuestra propia película y pasamos a transformarnos en los actores de reparto de una película fome, rutinaria y sin ninguna emoción…esas películas de las que es mejor dormirlas que verlas.
Despedirse implica dejar partir en paz a quienes atamos de distintas formas, implica alejarnos tranquilos de hábitos, costumbres y situaciones que limitan nuestros crecimientos y que hacen que el sol no pueda asomarse para iluminarnos.
Tomar la decisión de despedirse es aceptar que ya aprendí y que necesito seguir, porque en esta película en la que somos los protagonistas aun quedan miles de escenas maravillosas que vale la pena vivir.
Estoy en las despedidas, reteniendo por última vez la imagen clara de lo que dejo, con el pecho lleno de emoción y los ojos brillantes en los que se reflejan los rostros y las situaciones que dejo.
Me despido de tus manos firmes, de tus brazos fuertes, me despido de tu sonrisa y veo como te alejas tranquilo, mas grande, mas libre.
Sigo mis despedidas, los miro a cada uno, agradezco con mis ojos lo que me enseñaron….agradezco el cariño, los retos, incluso las descalificaciones. Me alejo tranquila, mas grande, mas libre.


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Magnifico!
gracias Carolina por esta reflexion que me viene como anillo al dedo :)