Tengo
muchas razones para apoyar a Marco Enríquez-Ominami. Entre las cuales
destaco 2 que son importantísimas:
1º - En su Propuesta para el Nuevo
Régimen Político propone varias reformas entre las que destaca la utilización
de los plebiscitos, herramienta democrática real para los ciudadanos y
con la cual podemos tomar las decisiones más importantes para nuestro país y
por ende para nuestro futuro. Es inconcebible que sólo tomen las decisiones más
importantes un grupo de personas que si bien han sido elegidas por el pueblo,
sabemos que a través del tiempo pierden el contacto con sus electores y muchas
veces no representan YA a quienes lo eligieron tomando trascendentes
decisiones no precisamente para el bien común sino para ajenos intereses. Ejemplo:
El caso Pascua Lama donde el Ex-Presidente Frei firmó y entregó territorios
intocables a una transnacional bien conocida por contaminar y dejar miseria en
varias partes del mundo. El Plebiscito o referéndum es una verdadera
herramienta de participación ciudadana. Otro ejemplo es el caso de
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2º - El Punto 7 del Decálogo
para el futuro de Chile coincide plenamente con la lucha medio
ambiental que estamos llevando muchas personas conscientes de que la
depredación de nuestros recursos naturales sólo nos traerá pan para hoy y
hambre para mañana con la consiguiente degradación de las tierras y
ecosistemas. La esencia de la economía como disciplina es "administrar los
recursos escasos". No existiría la ciencia económica como tal si no
existieran recursos finitos. Es decir, los recursos no son infinitos ni en
Chile ni el planeta. Por lo tanto la "lógica" neoliberal no
tiene cabida alguna en un mundo con recursos finitos. Por eso hay que cuidarlos
y para eso existe la economía como ciencia.
Adjunto el punto 7 del decálogo propuesto por Marco E-O que dice:
7- Cautela efectiva de nuestros
recursos naturales
La ecología y la economía deben
caminar estrechamente unidas. Los recursos naturales no pueden ser
despilfarrados. Un desarrollo que no se sustente ambientalmente está condenado.
No basta con la creación de un Ministerio del Medioambiente, se requiere una
conciencia y una voluntad ecológica que ponga fin a una forma de crecimiento
altamente depredadora y por esa vía haga realidad el compromiso con la defensa
del planeta. El Estado debe defender nuestras riquezas naturales y considerar
un nuevo catálogo de delitos
medioambientales. En ese contexto, se debe desarrollar una revisión crítica del
manejo de nuestros recursos naturales así como la necesaria y urgente
nacionalización del agua. El royalty establecido es insignificante para los
desafíos del país y por los recursos naturales en juego.
Promoveremos terminar con las
concesiones indefinidas en minería y pesca, estableciendo un sistema de
licitaciones cuando sea útil incorporar a privados en la explotación de
recursos naturales. Los derechos de explotación variarán con el precio del
recurso, hasta alcanzar un 100%. No debemos permitir proyectos que destruyen el
medio ambiente de modo irreversible. La inversión extranjera puede ser útil en
determinadas condiciones, pero no al precio de paraísos y excepciones
tributarias y de destrucción de la naturaleza.
Una nueva relación más respetuosa
con la naturaleza debe impregnar el conjunto de las políticas públicas,
especialmente en el control de las emisiones de gases con efecto invernadero.
Esto va unido a la promoción de energías alternativas. Chile debe realizar una gran
inversión en energía solar, eólica y geotérmica, en centrales hidroeléctricas
de pasada y en biocombustibles no agrícolas (especialmente de celulosa y
biomasa).
Chile puede construir edificios y
viviendas energéticamente autónomos, con subsidios directos en gran y pequeña
escala, aumentar la eficiencia energética y disminuir el consumo de energía por
habitante.
Es inaceptable que un par de
empresas que sólo tienen unas docenas de propietarios obtengan más beneficios
que los que obtiene Codelco que es de los 16 millones de chilenos. La justicia
distributiva está directamente relacionada con obtener que los abundantes
recursos naturales con que cuenta el país se coloquen en función de los
intereses nacionales y de la mayoría de la población. La demostración más
elocuente de ello se produce con la explotación del cobre entregado nuevamente
al control de unos pocos intereses privados,
mayoritariamente extranjeros, que lo exportan en la forma más primaria, sin
incorporar en el país trabajo agregado. Ello exige establecer una política para
el cobre chileno que considere tanto su explotación, producción, exportación e
inserción dentro de un proyecto nacional de desarrollo, que tenga presente que
se cuenta en el territorio nacional un porcentaje muy elevado de las mejores y
mayores reservas de metal rojo que de acuerdo a

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