Tenía un procesador de marca Zilog (¿qué fue de ellos?) modelo Z80A, con una velocidad de procesamiento de 3,25 MHz, es decir, la milésima parte de lo que pueden alcanzar algunos Pentium 4. Por su parte la RAM tenía una capacidad de 2 KB, la que comparada con los 512 MB que algunas aplicaciones de software exigen hoy como mínimo para ejecutarse, representa una diferencia superior al 26 mil por ciento.
Este computador no tenía disco duro y ni siquiera usaba discos flexibles, más conocidos como disquetes. En lugar de ello, se podía conectar por medio de un cable a cualquier grabadora de cassettes. Los cassettes en lugar de grabar voces o música se empleaban para grabar un ruido similar al que hoy conocemos como “tono fax”, el cual se empleaba para codificar los datos y así almacenarlos en ese medio magnético. No sé exactamente qué capacidad haya tenido un cassette de 60 minutos, pero según mis estimaciones debe haber sido del orden de unos 100 KB, es decir, la millonésima parte de un disco de 100 GB.
En la actualidad estamos acostumbrados a que el sistema operativo se encargue de localizar el lugar del disco duro donde se encuentran almacenados los datos y programas. Por su parte, en esta primitiva arquitectura, era el usuario en persona el que tenía que buscar “de oído” dónde comenzaba y donde terminaba un programa cualquiera dentro del cassette para proceder luego a cargarlo en la RAM y así poder ejecutarlo.
Un “pequeño” inconveniente era que el volumen del sonido reproducido por la grabadora de cassettes resultaba ser un factor crítico. Si éste era demasiado bajo o demasiado fuerte, el programa sencillamente no se cargaría en la RAM, por lo que todo el proceso de cargar un solo programa se convertía en un juego de ensayo y error que podía durar horas.
Se preguntarán qué sistema operativo podía ejecutarse en tan rudimentaria plataforma. Claramente no es el caso de ninguna versión de Windows ni de su prehistórico predecesor, el MS-DOS. No, el sistema operativo del T/S-1000 era aún más rudimentario que el obsoleto DOS, era un simple intérprete de lenguaje BASIC.
En otras palabras, el T/S 1000 estaba diseñado para ejecutar solamente programas escritos en BASIC. De hecho, la línea de comandos, el equivalente del mítico “c:>” del DOS, también permitía solamente la ejecución de comandos de dicho lenguaje. Esto es, para quienes estén muy familiarizados con DOS, como si un PC sólo permitiera ejecutar comandos del DOS y, a lo más, batchs que serían los programas. Así de limitado era.
Lo interesante es que este sistema operativo venía empotrado (built in) en la ROM, tal como ocurre en la actualidad con la poco conocida (para el grueso del público) BIOS. En otras palabras, no era necesario instalar el sistema operativo y no era posible desinstalarlo, mucho menos remplazarlo por otro. El T/S 1000 y su sistema Basic eran tan inseparables como en la actualidad un teléfono celular respecto de su menú de opciones.
Este sistema operativo tan básico (literalmente) no tenía una interfaz gráfica, de modo que la pantalla se limitaba a desplegar caracteres negros sobre un fondo blanco. Cabe señalar que este computador se vendía sin monitor y, en lugar de ello, se conectaba a un televisor a través de un cable y un adaptador VHF. La resolución de la pantalla era de 32x24 caracteres y, por supuesto, había una sola tipografía o font.
A diferencia de las revistas de computación que hoy se venden en los quiscos y que vienen acompañadas típicamente de un CD-ROM, en esa época el software venía escrito en las páginas de la revista y el usuario tenía que tipearlo si quería ejecutar los programas en un computador como el T/S 1000.
Ante este escenario también aparecieron libros cuyo contenido eran programas para dicho computador. En mi biblioteca aún se encuentra una de esas reliquias: “Programas de Ciencia e Ingeniería Para Microcomputadoras Sinclair ZX81”, de Cass Lewart, editado por McGraw-Hill.
Naturalmente el T/S-1000 no tenía mouse y ni siquiera el puerto correspondiente, ¡pero quién quiere un mouse para un sistema operativo que despliega sólo texto! Lo que sí venía incorporado era el teclado, el cual estaba adosado al computador tal como ocurre con los actuales notebooks.
A falta de puertos para teclado y mouse, al menos sí tenía puerto de impresora, aunque no era compatible con los puertos paralelos y USB que las impresoras emplean hoy para conectarse. De hecho, había un solo modelo de impresora compatible con el T/S 1000, modelo que era fabricado por la misma empresa.
Además del puerto para impresora también había un puerto para RAM. Lo más cercano a esto en la actualidad es el puerto USB que se usa para conectar un pendrive. El “pendrive”, en este caso era una caja – de un volumen mayor que el de una cajetilla de cigarrillos - que permitía incrementar la RAM de 2 KB a la asombrosa cantidad de 16 KB.
Lo malo es que dicha expansión de memoria (este pendrive-tipo-ladrillo) nunca quedaba firmemente colocada, de manera que si uno tenía el descuido de golpear demasiado fuerte el teclado - cosa que ocurría casi siempre porque las teclas tampoco eran muy sensibles - la expansión podía desconectarse, con el consecuente “rebuteo del sistema”. Por tal motivo, muchos usuarios finalmente recurrieron nada menos que a la huincha engomada o “scotch” con el fin de solucionar este problema, obteniendo así una solución no muy estética pero sí funcional.
Para tener una experiencia interactiva de lo que significaba operar este nunca bien ponderado artilugio, pueden visitar http://www.vavasour.ca/jeff/ts1000/index.html. Así que los animo a visitar esa página y, no se preocupen, los problemas que he descrito no forman parte de la simulación, así que no se les va a desprender la expansión de memoria ni tendrán que ajustar manualmente el volumen de la grabadora por ensayo y error. Tampoco tendrán que escuchar un cassette entero para deducir donde empieza el programa que quieran ejecutar, ya que les bastará con hacer clic en el link deseado y el programa se cargará instantáneamente.
Por mi parte, un día de estos voy a bajar a la bodega a buscar, entre los cachureos y las telarañas, una caja no mucho mayor que una de zapatos, en la que espero hallar aquella maravilla con la que, a falta de ajedrez, me entretuve jugando al gato. En una de esas todavía funciona.


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Y el Atari 800 ?
Y el Atari 800 ? Lo conociste ? Con un 6502 y solo 1 mhz de velocidad... :) pero con una gráfica fantástica gracias a otro microprocesador anexo... creo que era el 6510 GTIA.
Saludos amistosos, Katy
"Cambiemos el Mundo. Terminemos con la Crueldad y el Horror de los Mataderos y Granjas Industriales"