
Mala experiencia de nuevo esta
mañana con la municipalidad de Viña
Me envía Viviana, de Ecópolis, un email la semana pasada en que me pide colaboración para hoy lunes. El plan municipal de esterilización/vacunación de perros de la costa llega a Caleta Abarca. El Chocolate no se deja atrapar, y turistas y otros de su entorno impiden las labores de captura del perro (me imagino que aún todos bajo el trauma de la desaparición del resto de perros de la manada).
Yo, que tengo confianza con el perro,
con mucho gusto hoy aparezco a la hora en que se me cita: las once de la
mañana.
Dejando de lado que las personas que
llegan, llegan tarde, y que ni saludan, y que incluso una señora se niega por
tres veces a contestarme si es acaso de la municipalidad cuando intenta
manipular al perro (en su incomprensiblemente arrogante y lúgubre estilo
municipal), son otros rasgos de su proceder los seriamente irritantes:
La señora esta sin nombre ni modales
conversa en un momento dado con un carabinero que se acerca a ver cómo nos la
montamos con Chocolate (al que hay por último que dormir, pues de ninguna
manera se irá mottu propio de su Caleta Abarca).
En esa conversación, la municipal
asiente con el uniformado en que a Chocolate efectivamente habría que llevárselo
definitivamente del área; a un canil, por ejemplo. Y lamenta ella no poder
proceder en ese sentido, incordiada por la oposición de algunas personas...
Vamos a ver: punto 1: esta señora
trabaja en un departamento cuyos voceros dicen que es de los mejorcitos de
Chile en manejo de la problemática canina; y hasta ejemplar. La teoría es que
ellos no matan (ciertamente no con estricnina), que esterilizan y que
comprenden cosas observadas científicamente, como que si echas a un perro de un
lugar en que se ha establecido con un grupo, inevitablemente llegarán otros a
ocupar ese lugar. Aunque el caso del Chocolate se enmarca en este contexto
(vive desde hace años en la playa trabajando para concesionarios y vigilantes)
a ella se le ocurre que su caso sin embargo habría que analizarlo bajo otra
luz, pues Chocolate... muerde... esto dice la profesional, sin poder dar fe de
algún parte médico en que así conste (-cuánto me recuerda a la evaluación de la
fractura de las patas de Lanudo Muñoz,
efectuada a través de la línea telefónica, por parte de otros profesionales
municipales, y que les lleva a concluir que a Lanudo hay que matarlo-).
La profesional de hoy parece tampoco
haber leído la carta que la
propia municipalidad, de manos mías, redactada por Ecópolis, y reenviada en
copia a su departamento, entregó a los concesionarios de Caleta Abarca. En ella
se les recuerda lo dicho (-si bien en términos leguleyos-): que sería poco
inteligente echar de Caleta Abarca a los perros -como se rumoreaba, y acabó
ocurriendo- pues se establecerían otros.
Estos perros efectivamente han
desaparecido. Algo que a la profesional parece no importarle. Y ello a pesar de
que en un momento dado de la encendida conversa de hoy declara que los perros
de Caleta Abarca son responsabilidad de la municipalidad, y que por eso el
Chocolate debería irse de allí para que no muerda a nadie.
Se apronta entonces el carabinero no
obstante a tomar mi rut, para de ese modo hacerme a mí responsable de
Chocolate. Imagino que el sentido de ello fue intimidarme, pues el censo de
dueños o tutores de perros correspondería a la municipalidad, y a título
voluntario por parte del ciudadano. Igual respondo que con gusto me
responsabilizo si hace falta, como ya antaño ocurriera con Robin (lee esto
y esto),
al que miembros de la municipalidad, en muestra también de gran manejo
profesional de la problemática canina, llegaron con intenciones de matar a la
playa, según propias declaraciones. (Estos profesionales no lo mataron por
interposición ciudadana. Algunos recuerdan esta y otras acciones del
departamento de medio ambiente como pecadillos meros. Para otros los convierte
en inconfiables).
En manos de profesionales como esta
señora municipal está la suerte de los perros de Viña del Mar que se las tienen
que ver con las autoridades. Es indignante la poca comprensión que muestran, la
incapacidad para asumir posturas algo más profesionales.
No entiendo que algunos hagan
defensa de su incapacidad (y no entiendo que se considere ofensa la crítica). Son
puestos públicos que debieran ser bien desempeñados.
Me pregunto también qué opinan del
enfoque canilero de esta profesional personas como el miembro de Ecópolis que
hoy fue a Caleta Abarca (tal vez dos miembros: sé que de las dos personas que
acompañaban a la señora municipal, Bárbara era de Ecópolis). Me pregunto si
asienten, me pregunto si la critican, me pregunto si intentan educarla... me
pregunto si son dos entidades o una.
Ellas:
también Claudia
Bilbao irrita por su falta de profesionalismo. La semana pasada me contó un
conocido cartonero que fue al canil a operar a su perra, a lo cual se negó la
médica que lo recibió en las escaleras. Le dijo al As de Oros, que así se llama
(vídeo
de octubre de 2007, donde aparece con la Chola, su perra), que se pasase
por otra dependencia de la municipalidad a pedir descuento, pero además le
propuso que en lugar de esterilizarla la matase, que iba a estar mejor... Bien.
Esta profesional de la medicina veterinaria, la para algunos indiscutiblemente
entrañable animalista Claudia Bilbao, lidera, se puede decir, un departamento
que se vende al mundo como ejemplar y plenamente consciente de que el modo de
terminar con los problemas públicos derivados de la sobrepoblación es la
esterilización. La esterilización. La líder de este departamento, pues, no
obstante, recibe clases en tenencia de un humilde viñamarino, que rechaza
escandalizado la propuesta que la profesional le hace de matar a su querida
perra.
¿Es Claudia Bilbao la indicada para
ocupar el puesto que ocupa? ¿De qué estamos hablando? ¿Qué crees tú? ¿Se
enteran esas señoras de cuál es su labor? ¿Se lo recuerda algún animalista
cercano a ellas?
Yo no creo que convenga a Viña del
Mar potenciar y callar los errores de un departamento mal encaminado, por
muchos méritos que haga en campos específicos. Lo que conviene es la crítica,
que construye, la transparencia, y exigir que sean ´profesionales´ los que
dirijan el cotarro.






















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