Tanto las verdades como las mentiras pueden ser términos muy difíciles de ser definidos, así también lo es la palabra respeto, pero en la practica, en los actos, en nuestro modo de convivir y comunicarnos sabemos y sentimos muy bien que es cada uno de estos conceptos cuando lo vivimos en la carne, aunque al explicarlos nos confundamos un poco.
Estos últimos días en Atina y los últimos acontecimientos me han llevado a reflexionar un poco más sobre cada uno de estos conceptos y sobre la dificultad de ponerlos en palabras escritas y al hacerlo me recordé de George Orwell en pequeño pero profundo ensayo llamado “Por qué escribo” donde con toda sinceridad y sin ninguna pretensión nos dice:
“Escribo porque hay alguna mentira que quiero dejar al descubierto, algún hecho sobre el que deseo llamar la atención.”
Y de otro ensayo llamado “Literatura y Totalitarismo” donde Orwell dice que el principal obstáculo para la literatura en este tipo de estados, no es tanto ni la censura ni la persecución política pero si la interferencia emocional que surge de la manipulación constante de la verdad.
Al recordarlo hoy, lo hago porque leo a varios amigos y amigas anunciando su partida de este espacio algunos dejando sus motivos muy claros, otros apenas insinuándolos, pero un buen lector o al menos un lector reflexivo los puede comprender bien e incluso en un esfuerzo no muy grande, ampliar su reflexión para el silencio de otros.
Orwell nos recuerda, en el primer ensayo citado, como el lenguaje y su construcción implican en el problema de la veracidad y el compromiso que él mantiene con ella, aunque al hacerlo algo siempre se pierde y obviamente acepta y asume las criticas por hacerlo.
Sin duda, como dijo Tom, este espacio puede no ser más que un bar, aunque prefiero imaginarlo como una plaza, donde nadie necesita anunciar su llegada o publicar su salida. Este espacio, el cual yo suponía ser un espacio libre y sin muchas reglas que con el tiempo fui viendo que además de pocas no eran cumplidas, por un tiempo parecía ser que cada uno decidía el modo como se relacionaba con los otros que lo compartían.
Pero resulta que siendo un espacio ocupado por seres humanos inmersos en conversaciones y que hasta donde entiendo y me gusta creer, somos seres provistos de emoción además de razón, la probabilidad de emocionarnos es grande. Y una vez que pasamos a ocupar un espacio donde nos relacionamos con otros, seremos, queramos o no, afectados por estas relaciones. En este caso, somos afectados por las conversaciones que aquí se suceden.
Esto para mi no es trivial, y no me importa si la metáfora de plaza o bar es la mejor o más adecuada, lo que me hace responsable sobre mi modo de conversar es saber que somos afectados por otros seres humanos en cualquier relación no importa que esta sea virtual.
Creo firmemente que todos los encuentros son importantes ya que nos afectan de un modo o de otro, aunque este afectar sea momentáneo y dure solo el tiempo que dure la conversación o en el peor de los casos la discusión, así siendo, no hay nada de trivial en este espacio conversacional.
Las emociones no son triviales y en el momento en que somos afectados por otro ser humano en nuestro espacio conversacional sentimos sin necesitar explicar cuando creemos ser engañados, traicionados, manipulados, negados y no respetados y este sentir afectará nuestro modo de conversar y cada una de nuestras siguientes palabras será afectada por esa emoción.
Si un espacio de conversaciones es sembrado de mentiras, dudas y faltas de respeto, las relaciones y las emociones entre las personas serán de igual modo relaciones de dudas, mentiras y faltas de respeto y el tipo de emoción que surge será diferente de un espacio donde las conversaciones versan en la confianza, el respeto y la verdad.
En los últimos días he visto como la desconfianza, la sospecha, la duda, la mentira, los insultos, el dolor, la manipulación y principalmente la exigencia de algo que quizás no debería haber sido exigido si estas conversaciones ya no existieran como un modo legitimo de convivencia en este espacio tomaron cuenta otra vez, como ya lo vienen haciendo desde hace mucho tiempo en este lugar, afectándonos a cada uno de un modo diferente del otro, pero afectándonos de alguna manera.
Quizás no seamos expertos al definir los conceptos de traición, falta de respeto, negación del dolor, mentira o verdad, pero estoy segura que si somos expertos al sentirlos en la piel cuando nos emocionamos si somos traicionados, cuando nos duele si nos faltan el respeto, cuando sentimos la humillación si se nos niega el derecho a sentir dolor y cuando sentimos la tristeza si nos mienten.
Cuando un espacio de conversación se convierte en un lugar donde la violencia se legitima como modo de actuar y esta se refleja en sus conversaciones, este espacio y sus integrantes solo pueden generar más de estas mismas conversaciones donde la mentira, la traición, la manipulación de la verdad, la falta de respeto, la negación del dolor y la negación del otro como un legitimo otro son y se perpetuaran como el único modo posible de convivencia y esto se logra tanto conversando como callando.
Quizás este sea el destino de este espacio de conversaciones ya que así fue legitimado, por opción y por omisión de los que en él participan y son responsables.
Esta es mi denuncia a este espacio de conversaciones, a esta plaza o a este bar, un espacio donde es legitimó mentir, insultar, agredir, faltar el respeto, negar al otro. Un espacio donde sistemáticamente he visto negar a amigas, amigos y desconocidos con faltas de respeto, descalificaciones, amenazas, acosos, violaciones de privacidad, mentiras, traiciones y acusaciones falsas. Un espacio donde mentir parece ser y es mucho más legitimo que expresar una duda o demostrar la verdad.
Recordando a Orwell y el motivo que me llevó a escribir esto, guardando todas las debidas proporciones con el autor, también escribo y denuncio este espacio llamado Atina como un espacio de legitimación de mentiras y de violencia.
Y asi como él, que se recusa a tragar ideas y pensamientos previamente masticados solo porque suenan bonitos o gritan alto, denuncia y duda hasta de lo que parece indudable, como lo hace en Reflexiones sobre Gandhi, vale la pena dudar, porque una duda clara no es una certeza y siempre habrá un espacio para reconocer como en la duda legitima que inicia su ensayo “que hasta los santos deben ser considerados culpados hasta que se pruebe su inocencia” terminando con el reconocimiento a Gandhi, su honestidad y modo de actuar.
Yo dudo y denuncio clara y explícitamente, lo que obviamente jamás será una certeza, pero esto solo será posible de ser comprendido para aquellos que tienen dudas, no para los que tienen certeza.
Un abrazo a mis amigas Katina, Alejandra y Paola que con sus dudas me ayudaron a reflexionar sobre lo que quizás nunca habría pensado sin ellas.
Por aquí va la cosa!
























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Y a esta plaza...
Ya no quiero llegar...
Besos Caty
Toño