La sexualidad es un lugar de carencias, lo sabemos, la clínica lo explicita. Es la resulta feliz de un coito que no es ni con mucho puramente procreativo, aun con su misma estructura, aun con la forma que toma todo encuentro sexual pues, a diferencia del mundo animal -salvo contadas y fascinantes excepciones-, hombre y mujer, hombre y hombre, y mujer y mujer, tienen sexo, hacen el amor, se erotizan, pisan, frotan, acuestan, da igual... todos los eufemismos que se quieran, siempre sobre este dominio indómito que es el Eros (así lo llamaré) y su fiel carruaje, la seducción, siempre, insisto, movidos y conmovidos por un fin superior del que tenemos escasa inteligibilidad. Ni Platón, ni Schopenhauer, ni Freud, ni Kinsey ni yo, sabemos de qué se trata y por eso la "lugaridad común". Por recurrencia, esperanzamos en-tender pero, "acabamos tendidos"... Sin embargo, la enfermera interroga: "Doctor, ¿por qué quiere encontrarle una razón a todo?... Simplemente, hagámoslo...".
¿Es que acaso no hay nada para pensar en la cópula? Sí, sí, lo hay, postula el amante. Pero no piensa la mente, esa caja negra con (sic) inconsciente (...). "En realidad, me temo que no estás pensando con la cabeza...", imputa la esteticista. "Pues no, si me llamara o no, Dolmancé", respondió el borracho. ¿Cuáles cruces se buscan, en verdad, cuando es espontánea la seducción erótica? ¿Qué tiene que ver él con ella cuando se van a la cama, a las frondas? ¿Quién filosofó sobre el espectáculo inasible del encuentro que no otorga potestad a ninguna de las partes, haciéndolas participar? ¿Tiene futuro el sexo? ¿Cómo ama un orgasmo? ¿Se puede besar al amor o sólo su degradación mundial?
Aguardemos en la perpetua ignorancia y engalanémonos en el festín servido que abre márgenes y erecta lápices para que dialoguemos, desde ahora, por medio de todos los encuentros posibles en los que acabamos tendidos.
Por aquí va la cosa!






















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