
Tuve el privilegio de ir de visita donde Doña Jacinta, creo que fue una experiencia que no he de olvidar.
Como mi mujer me cuida, conocedora de la coquetería y capacidad de seducción de
- Usted debe ser Tom – me dijo – mi mamá ya viene, fué por aquí cerca a aplicarse el Botox y vuelve en unos minutos.
Y sin esperar una respuesta, me tomó del brazo ayudandome a entrar en la casa mientras mi hija lo miraba embobada y sin atinar a articular palabra alguna…
Una vez dentro, la amabilidad del muchacho se hizo aún más manifiesta, nos hizo sentarnos en un cómodo sofa, me trajo una chal para arropar mis piernas, nos ofreció té, café, bebidas no alcoholicas y de las otras… al mismo tiempo que nosotros rehusabamos todos sus ofrecimientos uno tras otro… no porque no tuviesemos deseos de beber algo, sino porque sus ofertas se sucedían con tal rapidéz que no alcanzabamos siquiera asimilar la idea.
(En este relato no voy a mencionar cuando la hija de Doña Jacinta salió a saludarnos… eso es cuento aparte, el solo recuerdo de su belleza es doloroso… y no estoy para emociones flagelantes hoy).
No habían pasado más que unos minutos cuando llegó la dueña de casa e hizo su entrada triunfal en el salón… a pesar de tener por sabido que su fama en el manejo de las artes seductoras ha traspasado incluso las barreras idiomáticas de la red… (creo que con los suecos se entiende a punta de señales, guiños y sonrisas no más), no pude dejar de impresionarme por su galanura, su naturalidad, su rostro resplandeciente, la sonrisa que destellaba y sobre todo por su voz como acostumbrada a ser condescendiente con una corte de sudbitos adoradores del suelo que pisa por solo la oportunidad de ser los destinatarios de una de sus sonrisas… No se que edad pueda tener… pero no representaba más de 55… (que no habría dado yo por tener un par de decenas de años menos…).
Totalmente perdida la compostura debido a la impresión, olvidé tanto quien era… como mis propias limitaciones, y me incorporé presto para acudir a saludarla al tiempo que ella se acercaba a mi… entonces mis piernas se enredaron en el chal que las abrigaba… y perdí el equilibrio irremediablemente con mis pies enredados como si estuviese maniatado y con ellos clavados al piso…
Empecé a caer como en cámara lenta mientras toda mi vida pasaba frente a mi, (mi existencia transcurre con tal carencia de emociones que la adrenalina se me activa por cualquier cosa inusual), sin embargo ella ágil, solícita y oportuna, avanzó y se inclinó hacia mi tomandome de los brazos para impedir mi caída… entonces... su pelo rozo por un breve instante mi rostro y pude embriagarme y hacerme adicto a la vez…. del aroma de su perfume…
Un tanto desconcertado, me llevaron a la mesa donde Jacinta nos sirvió un pie de limón… golosina que me está prohibida, pero hice caso omiso a mis altos índices de glicemia y acepté gustoso... ella tenía un efecto hipnótico sobre mi, mirábala y en lo único que pensaba era que quería comerme ese pastel…
Transcurrió el resto del tiempo sin que nos percataramos de la hora que era… de lo que conversamos no puedo recordar nada… lo cual se me ha hecho habitual… La imágen que si tengo clara es que en algún momento quise acomodar la lámpara del comedor porque no sabía si era el resplandor de su luz o el de la sonrisa de
Mi hija manejó de vuelta… yo no estaba capacitado para ello... solo atinaba a estar sentado allí en el asiento del acompañante repitiendome, aturdido, una y otra vez lo que había descubierto esa noche: "Jacinta es Leonor Varela...Jacinta es Leonor Varela... Jacinta es.....".
Llegamos antes de medianoche a nuestro hogar… y no perdí ningún zapato…
Tom
























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Leonor Varela dijo:
“Hago un llamado a todas las personas que deseen sentirse parte de un proceso de ayuda a los animales." (Leonor Varela)
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Saludos amistosos, Katina