Él nunca llegó, mintió al decirle que la amaba, mintió al decirle que con ella al fin del mundo, a la mismísima Patagonia de ser necesario, pero, mintió, el desvergonzado, mintió.
Se lo dijo su madre: "Esos hombres de muncho mundo nomás pa´ hacerte llorar te queren mijita, hazle caso a tu madre mi niña y quédate con aquel que te quera de verdá", pero ella, enamorada a rabiar, hizo una maleta y tomó su chal, no escuchó.
Pasó el tren de las siete, las manos le temblaban, luego el de las ocho y ya sus ojos lloraban, todo se detuvo cuando pasó en vano el tren de las once y el ingrato de Diego, nunca apareció para decir siquiera adiós.
Todo se detuvo para la triste Esperanza, tuvo se detuvo sin ninguna esperanza,cuando a las vías ella se arrojó.
Jana Regalado.
A veces la tristeza hace escribir así... sólo a veces.


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Esperanza...
...perdió la esperanza...eso es raro.Pero suele suceder como una paradoja cruel del destino.
Ya po, no esté triste que acá la queremos.No pierda la Esperanza.
Un abrazo requetejuerte.
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