¿Qué es el Pinochetismo?: hacia una definición seria.

Enviado por Pablo Bravo Hurtado el 31/03/2007 a las 22:17
Pablo Bravo Hurtado

Es una práctica saludable en Democracia ser capaces de comprender lo que piensa nuestro rival. En eso consiste precisamente el diálogo.

Es cierto también que mientras seamos partícipes de ese mismo debate nunca lograremos la "objetividad".

… pero no todo esta perdido.

En mi opinión queda una alternativa. Es posible acordar lo que llamaré un “concepto inofensivo” de Pinochetismo. Es decir, una descripción con la cual un pinochetista promedio pueda no sentirse abiertamente agredido sabiendo que se lo está describiendo a él a otras personas como él.

Todo esto del concepto inofensivo es -hasta ahora- un proyecto en progreso. En él esta en juego si acaso es posible el dialogo entre posturas tan extremas. Por eso esta invitación –tanto a pinochetistas como a antipinochetistas- es a participar orientados sinceramente al entendimiento. Comienzo:

¿Qué es el Pinochetismo?

1) Antes que nada, es una postura política que saca un diagnóstico positivo del régimen militar.

2) La causa de ese diagnóstico positivo estaría en la figura de Augusto Pinochet.

3) El gran mérito de Augusto Pinochet es, primero, haber derrotado al marxismo y, segundo, haber modernizado al país.

4) Es una postura altamente patriótica. Se entiende a sí misma como actuando a nombre de Chile. “Pinochet salvó al país”.

5) Es también altamente nacionalista. Desconfía en general de las ideologías extranjeras. De seguro por la mala experiencia con el marxismo. Y, a la inversa, se definen como protectores de la cultura y esencias propiamente chilenas.

6) Por lo mismo, se definen en gran medida de un modo negativo: anti-marxistas.

7) Es una postura que justifica el golpe de Estado en base a las afectaciones de derechos fundamentales (especialmente de Propiedad mediante las expropiaciones) que se produjeron durante el gobierno de Allende.

8) Es una postura que –y esto es muy interesante- defiende cierto lenguaje. Prefieren hablar de “pronunciamiento militar” antes que de “Golpe de Estado”; “Gobierno militar” antes que “régimen”; respecto de Pinochet prefiere llamarlo “Presidente” antes que “Dictador”. Para ellos la legitimidad estaría en juego palabra por palabra.

9) Es una postura política vinculada a los militares, que tiene hoy como aliados a los sectores de derecha y como rivales a los sectores de izquierdas.

10) Respecto al problema de violación de Derechos Humanos los justifica de tres modos: a) estado de guerra o b) inevitable en un Golpe de Estado. Y, en ningún caso las entiende como violaciones sistemáticas, sino que las entiende como excesos excepcionales.

11) Las posturas más extremas dentro del Pinochetismo le dan un estatus humanamente inferior a los partidarios del marxismo. Y frente al mismo problema de DDHH entiende justificada su eliminación sistemática.

12) Ven en el reproche que contra ellos hacen hoy las izquierdas como una estrategia de “promover odios añejos”. Y a cambio proponen abocarse a los problemas políticos actuales y el olvido.

 

Bueno, ahora las dos preguntas cruciales:

A) Ustedes pinochetistas, ¿Se sienten identificados y no agredidos por esta descripción?

B) Y ustedes antipinochetistas ¿están dispuestos a acordar esta definición como el objetivo contra el cual apuntan sus críticas?

Digan lo que creen que falta o lo que sobra. Pero, eso sí, espero aportes serios e –insisto- orientados al entendimiento y al dialogo.

Hola Pablo

Enviado por el 31/03/2007 a las 10:45 PM
Claudia Poveda

Felicitaciones!!!!!!!!

Primer post donde se toma el tema con una mirada menos apasionada y muchisimo mas constructiva.

Va ahora mi opinion en la categoria que me toca:

Siendo contraria al regimen que señalas, creo que si bien no concuerdo en absoluto con aquellas cosas que lo hicieron valorable a los ojos de otros, ni menos aun con sus metodos, si respeto la posicion politica de quienes lo validan, no hacerlo significarìa no concordar con aquellas cosas que decimos nos diferencian, la libertad de respetar a quien piensa diferente.



Bases para el Diálogo y la Reconciliación

Enviado por el 01/04/2007 a las 01:42 AM
Amado de Mérici
Los primeros puntos de la definición de ‘pinochetismo' plantean muchas dificultades. Muchos, yo entre ellos, encontramos muy difícil considerar el pinochetismo como una postura política o a Pinochet como un líder realmente político. Sé que el general se proponía a sí mismo como alguien que luchó en el contexto de la Guerra Fría, pero yo considero esa postura estrafalaria y, en realidad, falsa. Por lo mismo, no entiendo qué quiere decir "derrotar al marxismo". Tampoco imagino qué se quiere decir con que "modernizó al país".
Explico enseguida. Ya en 1973, la Guerra Fría era un concepto más cinematográfico que real. Que algunos creyesen entonces que en Chile se corría el peligro de que los comunistas o marxistas se hicieran con el poder e implantasen lo que llamaban una dictadura del proletariado (vale decir, un sistema unipartidista avalado por una estructura de asambleas populares dedicado a la construcción del socialismo), debe ser considerado como una creencia o interesada o extravagante. Ciertamente, había grupos marxistas que perseguían estos objetivos. Pero no significa esto que estuviesen ni medianamente cerca de conseguirlo. Y hay grupos de extrema derecha que enfatizaban que Chile estaba a punto de caer en manos comunistas, y era igualmente falso.

Para resumir: el gobierno socialista de entonces, con el apoyo de otros partidos y de las fuerzas armadas constitucionalistas, promulgaron meses antes del golpe de estado una ley que permitió que los militares despojaran a la población de armas. Para septiembre de 1973, era obvio que en Chile no habría una guerra civil, por la simple razón de que no había armas en la población con la que desatarla. Es probable que justamente este hecho -que la población civil no tuviera armas- haya precipitado el golpe militar. Además, los partidos políticos del gobierno de entonces no aspiraban a implantar una dictadura popular, aunque sí había tendencias en esos partidos que aspiraban a ello.

Pinochet no derrotó al marxismo. Decir eso es como decir que Juanito derrotó al kantismo o al hegelianismo o al sofismo. Los ismos pertenecen al terreno de las ideas y estas no se derrotan matando a quienes creen en ellas. Esta es una suerte de lógica muy torcida. Objetivamente hablando, Pinochet no derrotó a nadie, sino que torturó y asesinó a muchas personas; suspendió las garantías constitucionales; cerró el parlamento; acabó con el sistema democrático; destruyó el sindicalismo y los derechos laborales; deshizo muchos de los logros conseguidos durante los gobiernos democráticos previos a la dictadura. Estos acontecimientos no se pueden resumir ni interpretar como derrota del marxismo. Y torturar y matar a los ‘marxistas' no me parece que sea defendible desde ningún punto de vista.
Creo que siempre se pudo, durante el régimen democrático, impedir o prevenir la violencia o los atentados terroristas y procesar a los acusados. Para ello no era necesario, obviamente, una dictadura. La inmensa mayoría de los actos de violencia de esa época fueron perpetrados por grupos de militares parias y de asociaciones falsamente políticas financiadas por la embajada norteamericana. (Estas acusaciones que hago, no son ni falsas ni demagógicas. La intervención de la embajada norteamericana, la cantidad de dinero pagada a los participantes, sus nombres, los actos terroristas específicos ordenados por la embajada norteamericana -como el asesinato del general Schneider- han sido ampliamente probadas tanto por investigaciones independientes como por la liberación de documentos previamente clasificados de los servicios secretos norteamericanos). Imagino que el golpe quería, entre otras cosas, liberar de las cárceles a los elementos de extrema derecha que ya habían sido capturados por las fuerzas de orden de la república.

En el contexto de esa época, en esa democracia, nuestras leyes determinaban que si eras fundadamente sospechoso de algún delito, podías ser procesado por tribunales y ser eventualmente condenado. No era un delito pensar que Hegel era idealista, por decirlo así. Ni era delito creer en Rousseau. Ni lo era defender el ideario social de la iglesia. Tampoco era delito defender la democracia.
Que la brutal represión del régimen militar hiciera todo lo posible por eliminar las huellas de los crímenes -mientras que un régimen dirigido por hombres correctos habría establecido tribunales, enjuiciado a los supuestos delincuentes, tomado declaraciones, deliberado, publicado las condenas, provisto de defensa a los acusados, etc.-, demuestra la mala fe y la cobardía que fueron siempre característica de los dirigentes del régimen militar. Sé que se defienden los militares diciendo que había guerra; pero todos sabemos que no la había. Para que haya una guerra no basta con que una de las supuestas partes declare que la hay. Es necesario demostrarlo. Habida cuenta del número de bajas y del bando al que pertenecían las víctimas durante las primeras semanas de la dictadura -vale decir, cientos de asesinados por los militares y apenas unas pocas víctimas de los aparatos represivos-, deja en claro que sería una infamia llamar guerra a eso, que fue la represión injustificada y abyecta de gente desarmada e inocente.

Atribuir la modernización al régimen pinochetista me parece grotesco. ¿Qué quiere decir? ¿Que Pinochet prometió a las clases ricas que eliminaría -como lo hizo- a los sindicalistas para que pudiesen explotar y robar impunemente a los pobres de Chile? Si hubiese habido una dictadura comunista (que, repito, es una infamia decir que corríamos ese peligro) y en esta se hubiese eliminado físicamente a los opositores y anulado, por ejemplo, la libertad de opinión, y el país se hubiese modernizado en el sentido de que los beneficios privados de las empresas se habrían invertido socialmente, ¿diríamos que esa dictadura ‘modernizó' al país? Alcanzar la ‘modernización' de ese modo es muy dudoso. ¿Y ha habido realmente modernización? A mí me parece que no.

El punto 4 supone que el ‘pinochetismo' fue patriótico. Yo creo que no. Al contrario, creo que un militar que acepta dinero de una potencia extranjera y ejecuta sus designios es justamente lo contrario de un patriota. (Entre 1970 y 1973, grupos de derecha y de delincuentes chilenos recibieron más de 14 millones de dólares para que provocaran el caos en el país. En 1973, Pinochet recibió 2 millones de dólares, lo mismo que Agustín Edwards, dueño del Mercurio; Patria y Libertad recibió 50 mil dólares, lo mismo que el grupo del general Viaux, por su participación en el asesinato del general Schneider).
La ley de seguridad interior del estado dice, en su inciso c, que cometen este delito contra la soberanía nacional "los que prestaren ayuda a una potencia extranjera con el fin de desconocer el principio de autodeterminación del pueblo chileno o de someterse al dominio político de dicha potencia". (Tanto Kissinger como Nixon y otros personeros de la época han dado amplias informaciones sobre el papel de Pinochet en el golpe de estado -que fue, antes que nada, una decisión norteamericana para la que la embajada norteamericana en Santiago buscó afanosamente militares que la llevaran a cabo).

Llego al punto 7. Qué duda cabe de que las clases ricas estaban indignadas por la serie de reformas introducidas por el gobierno de Salvador Allende, pero el caso es que la patria chilena votó por esas reformas, que la inmensa mayoría de los chilenos consideraba necesarias. No convenían a los ricos, es verdad. Cuando en julio y agosto de 1973 los agentes de la CIA en Chile informaron a sus superiores que el gobierno socialista venía planeando llamar a referendo y a la formación de un gobierno de unidad nacional y que era probable que el régimen socialista se mantuviese en pie hasta las elecciones de 1976, el gobierno norteamericano reaccionó instando a buscar y pagar a militares para dar un golpe de estado por temor a que la democracia cristiana de algún modo respetase o continuase con las reformas socialistas. Desde el principio estaba muy en claro que el régimen militar tenía como objetivo destruir la democracia y castigar a los chilenos por haber osado poner en peligro la preeminencia de las clases ricas. Los militares debían restaurar el orden.

El punto 9 es curioso. Ciertamente, no corresponde a la verdad que toda la derecha chilena haya apoyado a Pinochet. Amplios sectores del entonces Partido Liberal -que luego se fusionaría para fundar el Partido Nacional- rechazaban las posturas antipatrióticas de los conservadores de la época, siendo algunos sectores liberales abiertamente partidarios de las reformas sociales, encabezados por el eminente historiador Feliú Cruz. Estas personas fueron igualmente perseguidas. Lo mismo fueron perseguidos numerosos oficiales militares, que nada tenían que ver ni con los partidos de izquierda y ni siquiera con los liberales, que bien pudieran ser llamados conservadores, y que se opusieron resueltamente al golpe militar, pagando muchos de ellos con su vida la defensa de la constitución chilena.

El punto 10. El ‘estado de guerra' fue decretado por los militares, y obviamente esa caracterización de la situación social y política en el Chile de entonces es muy interesada. En la realidad, nunca hubo un estado de guerra. Las violaciones de los derechos humanos no fueron excesos excepcionales sino una política sistemática del régimen militar. Es necesario que esto quede en claro. Ha sido probado y demostrado cientos de veces por numerosas comisiones de investigación nacionales y extranjeras. La campaña de torturas de 1974 y 1975, en la que se torturó sistemáticamente a más de 150 mil chilenos, es un claro ejemplo de ello. Basándose aparentemente en una ‘táctica' de Stalin, las guarniciones militares recibían orden de detener y torturar a una cantidad de personas, las que debían ser dejadas en libertad, sin formulación de cargos ( a menos que fuesen buscadas o militantes de partidos de izquierda), a la mañana siguiente. Nunca importó al régimen la creencia que quería proyectar, que el cincuenta por ciento de esas personas fueran hasta ese momento partidarias del régimen militar. Y este mero hecho echa por tierra la idea de que la dictadura fuese una dictadura ideológica con algún credo político. (Lo que, ciertamente, no quita que haya sido la dictadura de una clase, que es esencialmente lo que fue).

Punto 12. Chile, creo, necesita justicia y sin esta no habrá reconciliación posible. Los chilenos necesitan creer en que la justicia existe, que ha sido restaurada, y que no es una farsa que conviene a los ricos solamente. Chile quiere creer que la justicia conviene a todos. Pienso que si los militares fuesen patriotas y creyesen en Chile, aceptarían someterse a justicia. Algunos argumentan en defensa de los militares que muchos de ellos creían honestamente que estaban en guerra. Lo dudo, porque no había por ninguna parte ni indicios ni elementos que permitiesen creer que estábamos en guerra. Y creer que se está en guerra no justifica ni las torturas ni los asesinatos ni las desapariciones ni los robos. Por lo demás, la guerra tiene leyes. Y sabiendo que hay gente que las viola, es que tenemos un derecho internacional que legisla sobre las conductas correctas en los conflictos bélicos. Si hay militares que actuaron equivocadamente, ¿por qué no lo dicen, confiesan y colaboran con la justicia? ¿Será que realmente tienen miedo de ser encarcelados? ¿Tienen miedo a la justicia de su propia patria? ¿Qué tipo de nacionalismo sería este? ¿Por qué no cuentan lo qué pasó y por qué lo hicieron? ¿Por qué no revelan dónde dejaron los cuerpos de sus víctimas? El país no puede seguir adelante sin resolver estos problemas. Chile necesita esta catarsis moral. (Aunque temo que nunca confesarán, porque los crímenes que cometieron y el modo en que torturaron y mataron a hombres y mujeres inocentes e indefensos son tan viles y cobardes que su confesión equivaldría al suicidio, pues se mostrarían tal cual son ante Chile y ante el mundo: chacales).

Respuesta a la pregunta B, de si aceptamos la definición político-ideológica del pinochetismo, mi respuesta es no. Pinochet y esos atisbos de ideología no son diferentes al arsenal de memeces de las tradicionales dictaduras latinoamericanas, como la de Fulgencio Batista en Cuba, por ejemplo. Veo a Pinochet como a un militar arrastrado al que las clases ricas chilenas sedujeron con dinero y autoridad y la promesa de movilidad social a cambio de que las restaurase en el poder. Esos propósitos fueron ocultados bajo el lenguaje, que creían aparentemente más convincente o coherente, del anticomunismo. Al general no le interesó nunca la ideología. Creo que si hubiese sido un militar ideólogo, que actuó movido por la idea del bien de la patria, no habría dejado como legado el enriquecimiento ilícito, el robo de las arcas del fisco, el tráfico de armas, el cobro de comisiones y sobornos, el tráfico de cocaína, la fundación de financieras falsas dedicadas al robo y al asesinato. Ni habría dejado todas esas víctimas que todavía duelen a Chile y que nos penarán hasta el fin de los tiempos.
Veo a Pinochet y los militares que le apoyaron como profundamente antichilenos, antipopulares y anticatólicos -lo último porque violaron todos los principios católicos de solidaridad y justicia social y sometieron a los chilenos, especialmente a los más humildes, a persecuciones y tormentos que sólo pudieron ser inspirados en las cavidades más profundas y macabras del infierno. Por eso lo tipifico como enemigo de Chile, de Dios y del pueblo.
Mi definición enciclopédica de pinochetismo sería la siguiente: Movimiento militar reaccionario chileno, sustentado e inspirado por Estados Unidos, cuyos fines fueron la restauración en el poder de las clases ricas cuando fueron estas despojadas de sus privilegios por el gobierno reformista de Salvador Allende, presidente elegido democráticamente en 1970 y que fue derrocado violentamente en septiembre de 1973. Movimiento caudillista de restauración social dirigido por un grupo de militares a cambio de privilegios y prebendas.

Finalmente, Pablo, concluyo que el diálogo será prácticamente imposible. Yo creo que es legítimo ser de derechas y defender, por ejemplo, la propiedad privada, la empresa privada, el ánimo de ganancia, etc. Pienso igualmente que es completamente legítimo abogar por una sociedad basada en la propiedad colectiva. Pero rechazo como profundamente inmorales cosas como la tortura y el asesinato. Esto es inadmisible, cometa estos crímenes quien los cometa. Y han sus autores de ser llevados a justicia y juzgados. No acepto nada menos que esto como punto de partida para toda posibilidad de diálogo y reconciliación.

¿Definiendo o Refutando?

Enviado por el 01/04/2007 a las 03:33 AM
Pablo Bravo Hurtado

Que no se mal entienda, yo soy igual de antipinochetista que tú y comparto todas tus razones del repudio (que expusiste latamente y que estoy de acuerdo letra por letra).

Pero el ejercicio que propongo aquí (del concepto inofensivo) es totalmente distinto. No se trata de refutar, se trata de definir, enfocar el blanco contra el cual apuntamos.

Pero más importante aun, es intentar definir ese blanco de un modo tal que un propio pinochetista pueda decir "Sí, ese soy yo".

Desde ese punto de vista, dudo que un pinochetista pueda decir "sí, ese soy yo" con frases como:

- Pinochetistas que "violaron todos los principios católicos de solidaridad y justicia social y sometieron a los chilenos, especialmente a los más humildes, a persecuciones y tormentos que sólo pudieron ser inspirados en las cavidades más profundas y macabras del infierno"

- Que Pinochet sea "un militar arrastrado al que las clases ricas chilenas sedujeron con dinero y autoridad y la promesa de movilidad social a cambio de que las restaurase en el poder."

- O, por último, que "un militar que acepta dinero de una potencia extranjera y ejecuta sus designios es justamente lo contrario de un patriota."

En fin, se trata de anfirmaciones que comparto -insisto- pero que dudo que un Pinochetista pueda reconocer como propias.

Por lo demás, las tesis pinochetistas sobre la derrota del marxismo, de la modernización, de la Guerra Civil, de la Amnistía y de los simples excesos en DDHH son -me parece a mi- DATOS DUROS. Pero "datos duros" no en el sentido de que sean verdad, sino que en el sentido de que es innegable que ellos apelan a esas ideas cuando defienden su postura.

Basta con leer cuatro o cinco post de los propios pinochetistas que andan dando vueltas por aquí, en atinachile. Ellos "dicen eso", a pesar de que estemos profundamente convencidos de que estan equivocados en lo que "dicen".

...pero lo dicen.

¿No sé si me doy a entender bien?

Por lo demás, el proyecto por el dialogo no lo puedes desechar a buenas y primeras. Jugarsela por la Democracia -y en eso no sé si estamos de acuerdo- es jugarsela por la posibilidad de debate orientado al entendimiento. Dialogo.

Desechar la posibilidad de dialogo es simplemente reducir la Democracia a una estadistica cada 4 años.

...eso si que no!


Apuntar sin Disparar

Enviado por el 01/04/2007 a las 12:48 PM
Pablo Bravo Hurtado

Insisto, la idea es definir Pinochetismo tan solo. Para los antipinochetistas tomenlo como "Apuntar al blanco pero sin disparar todavía."


Plop

Enviado por el 20/08/2008 a las 06:10 PM
Milena de Kafka

Se nota que no tienes vida social .. ufffffffff para escribir tanta paja .... pero igual es interesante el contenido,


Deseable Diálogo de Sordos

Enviado por el 02/04/2007 a las 07:42 PM
Amado de Mérici
No creas que no he seguido dándole vueltas a este asunto. Mi conclusión, de momento, es que es probablemente un diálogo de sordos. Quizás no sea posible una definición inofensiva de pinochetismo. Cuando yo lo definí finalmente como movimiento militar de restauración social fui, en realidad, bastante generoso, porque la definición que más conviene a Pinochet cum sui se encuentra en las páginas del Código Penal: en las páginas sobre la asociación ilícita para delinquir, secuestros y homicidios en primer grado con alevosía y premeditación, y también en las páginas de seguridad interior del estado, por traición a la patria e incitación a subvertir el orden público y las instituciones de la república. Sólo que al agregar ‘restauración social' convierto a la banda de delincuentes encabezada por Pinochet en una banda de actuaba por obediencia, vale decir, cometían crímenes por encargo, y esos encargos y sus autores intelectuales eran de orden político. Los autores intelectuales de la intervención militar son Nixon y Kissinger, con la colaboración de personajes como Agustín Edwards y el embajador norteamericano en Santiago de la época.

Obviamente, estos alcances sobre el pinochetismo no serían aceptados por los pinochetistas. Pero ¿quiénes son estos y cómo se definen? Yo conozco a unos que niegan absolutamente las torturas y los asesinatos y lo atribuyen a la propaganda comunista. Llaman comunista a todo aquel que se oponga a sus puntos de vista -cambiantes, por lo demás. Hay otros que reconocen las torturas y asesinatos, pero como excesos no autorizados e individuales. Aún así, insisten en que los autores de esos crímenes no deben ser juzgados. Y hay otros pinochetistas, como algunos de la calaña que escriben en estas páginas, aplauden los crímenes e incluso afirman que fueron demasiado pocos y que habría que volver a imponer otra dictadura para torturar y eliminar realmente a todos los opositores -o sea, a todos los comunistas, desde arzobispos hasta vándalos anarquistas.
Me limito a tres pinochetistas típicos. A ninguno de ellos le gustaría mi definición. Pero ¿cómo aceptar sus propias posibles definiciones? Muchas de ellas son simplemente absurdas y abandonan el plano de lo político para inscribirse en el plano de lo psiquiátrico. Por ejemplo, que salvaron a Chile del marxismo. Por más vueltas que le des, la frase es hueca y no significa nada. Y, además, si se quisiera decir con ello que impidieron, por ejemplo, un golpe de estado comunista, la afirmación es falsa desde todo punto de vista.

Siempre es curioso observar las definiciones de sí mismo que hace la gente. Marx decía que había que desconfiar de las definiciones de sí mismo. Supongamos que la afirmación ‘salvamos a Chile del comunismo' tuviese algo de sentido (o sea, que gracias a la intervención, no hubo en Chile un régimen comunista), ¿no podría yo rebatir que efectivamente, pero que esa era la voluntad mayoritaria de los chilenos, de construir una sociedad socialista? Entonces habría de concluir un partidario de Pinochet que este, por algún designio, quizás divino, tenía el privilegio de intervenir y rechazar la voluntad de los chilenos por ser esta enemiga de ¿qué? ¿De Estados Unidos? ¿De las tradiciones chilenas, por ejemplo, de la rayuela? Entonces el pinochetista podría terminar diciéndome: Pues, bien, el pinochetismo es bueno porque se me da la real gana.

El problema que quiero subrayar es que al definir pinochetismo entramos en un terreno donde se abandonan los criterios normales de la razón y el raciocinio. El pinochetismo, como otras formas de fascismo y caudillismo, es enemigo de la razón, porque esta es vista ,- por su lógica, por su encadenamiento de consecuencias, por su universalismo- como enemiga de la voluntad. Y el pinochetismo se funda únicamente en la voluntad del jefe, y la voluntad del jefe no es posible de ser conocida y sometida a escrutinio, porque este acto de transparencia, tan común en las sociedades normales, en los regímenes y gobiernos totalitarios es considerado de inspiración hostil porque obliga a revelar tus intenciones, y eso es lo que el enemigo quiere. Me estoy imaginando que definir el pinochetismo revela en sí mismo una intención hostil al pinochetismo y es por consiguiente, desde un punto de vista inmanente, una actividad subversiva y comunista. Bien, esto es una psicopatología. Al final del camino, cuando se descubre la terrible banalidad y mediocridad del cabecilla máximo, y el hecho de que no es posible creer que actuara por lo que dice, habida cuenta de las barbaridades y contradicciones de sus actuaciones y de la documentación disponible sobre sus actividades y tratos, se entiende que Pinochet no tenía nada que decir sobre sus actos y decisiones, porque sus motivos eran, socialmente hablando, inconfesables. (Socialmente inconfesables son cosas como, por ejemplo, follar con la mamá, violar a bebés, comer carne humana, ser espía de un país extranjero o recibir dinero de este).

Un pinochetista puede negar y declarar como falso que Pinochet traficara armas o cocaína o que participara personalmente en los interrogatorios de los detenidos que luego eran asesinados y hechos desaparecer. Supongamos que por la enormidad de las evidencias de que disponemos, el pinochetista accediera a que hubo excesos. Supongamos que aceptáramos que estas prácticas fueron excesos, ¿no debiésemos, en vista de su natural aceptación entre sus partidarios, aceptar que la voluntad del jefe era un principio incuestionable del régimen? ¿Y que, consecuentemente, preguntar sobre los motivos de esa voluntad era igualmente un acto de hostilidad? O sea, definir el pinochetismo sin admitir como válida la definición que darían los pinochetistas de sí mismos, sería claramente un acto hostil. Bien, este modo de razonar abandonó hace mucho tiempo el campo de lo normal. Aquí, si aceptas la autodefinición pinochetista, tendrías que aceptar su definición de ‘comunismo' y ‘comunistas', porque en la autodefinición (por ejemplo, salvó a Chile del comunismo) se incluyen elementos ajenos al discurso normal del resto de la sociedad (llaman comunistas a los opositores, desde pensadores y políticos conservadores, hasta anarquistas, algunos de los cuales son enemigos acérrimos de los comunistas, y católicos de Acción Social). En otras palabras, aceptar como válida alguna autodefinición, requiere aceptar que las víctimas del régimen eran en realidad agentes, militantes o espías comunistas o rusos y cubanos y que gracias a que fueron eliminados es que se salvó a Chile de una dictadura roja, lo que, evidentemente, es un macabro absurdo -como es un absurdo que el arzobispo fuera comunista, o que el senador democristiano que mandó a matar en Italia fuera comunista y así ad absurdum.

Trato de decirlo de otro modo: Aceptar que Pinochet era un patriota equivaldría a ignorar lo que sabemos, y que no podemos no saber, y es que Pinochet recibió dinero de una potencia extranjera -Estados Unidos- para hacer lo que hizo y, sobre todo, equivaldría a aceptar que defendió a Chile de antipatriotas o comunistas. Se podría argumentar, sobre lo primero: Sí, pero aceptó ese dinero porque lo necesitaba para la causa de la intervención militar. En la embajada norteamericana, en esos años de principios de los setenta, se recibían peticiones de dinero -de parte de Viaux y Patria y Libertad- para comprar armas -la embajada las entraba por valija diplomática, hasta que la práctica fue considerada peligrosa- para comprar armas y explosivos con los que cometer atentados. Con estas armas se asesinó al general Schneider, de cuya muerte trataron de culpar a terroristas de izquierda. ¿Era comunista Schneider? ¿Era agente ruso? ¿Cubano? ¿Cómo podríamos aceptar la definición de patriota del pinochetismo cuando esta definición lo opone a los militares ‘constitucionalistas', que eran obviamente patriotas?

Un problema adicional es que Pinochet no legó discursos ni escritos coherentes sobre los que construir alguna suerte de ideología oficial. El principal documento -El Libro Blanco- es una sarta de falacias y estupideces, y fue escrito febrilmente para justificar ante los chilenos el golpe de estado. Pronto pasó al olvido. Las frases sueltas del general no alcanzan para un breviario ideológico, porque el dictador simplemente no era un ideólogo ni era demasiado culto. (Cuando escribo "sarta de estupideces", algunos van a protestar. Pero ¿cómo llamar de otra manera a esa novela inverosímil donde se afirmaba que había un plan Z comunista que posteriormente nadie volvió a mencionar, por lo evidentemente falso que era?)

Me pregunto si acaso la frase que tanto usamos sobre la necesidad de diálogo y la reconciliación tienen algún sentido o si son realmente razonables. No creo que pueda haber diálogo o reconciliación sin verdad y justicia como procesos previos. ¿Cómo voy a aceptar como a un igual a unas personas que niegan o justifican crímenes terribles y espantosos y que no los cometieron por los motivos que ‘confesaron'? Por ejemplo, ¿qué motivo político tenía sacar el oro de las dentaduras de los detenidos que iban a ser desaparecidos? (Si preguntas esto, un pinochetista diría que tu pregunta delata que eres comunista). ¿Así se acababa con el comunismo?

No, lo necesario es hacer justicia. Es indispensable que esa gente confiese, cuente lo que hicieron y revele quiénes fueron los autores y dónde están los cuerpos de sus víctimas. Es necesario que sean procesados y condenados. Es necesario que las familias de las víctimas sean desagraviadas. Y el estado reconozca el terrible dolor causado a esas familias y se haga cargo. Es necesario que las fuerzas armadas limpien sus filas y hagan suya nuevamente la ideología constitucionalista que animó a los generales y otros militares de bien que Pinochet asesinó tan cobardemente. Quizá no la reconciliación el diálogo pierden sentido sin no hay verdad. Yo quiero verdad. Justicia. Y castigo.

En conclusión, definir pinochetismo atribuyéndole motivos políticos o ideológicos coherentes, es una imposibilidad epistemológica.

Ahora sí que estamos Dialogando

Enviado por el 05/04/2007 a las 09:28 PM
Pablo Bravo Hurtado

Este segundo post tuyo me parece que intenta encauzarse más en el terreno que propongo. Ahora sí que estamos hablando de lo mismo. Te comentaré párrafo por parrafo.

(Insísto, estoy de acuerdo en las críticas y en las falacias.)

1) No creo que un Pinochetista pueda reconocer como propia la definición de sí como criminales por encargo (apelando al Código Penal) ya sea abiertamente o encubiertamente mediante "movimiento de restauración social". Lo cual admites en el segundo párrafo.

2) Acepto: debería agregar un tercer modo de aforntar el problema de violación de DDHH: la negación.

Respecto de la definición que ve a todo opositor como comunista, te aconsejo la lectura de "El Concepto de lo Político" de Carl Schmitt (quizás ya lo leiste). Ahí expresa la idea de que lo propiamente político es el juego simplemente entre "los que estan conmigo" versus "los que estan contra mi".

El problema de la tesis de Schmitt (que explica muy bien la polarización chilena de la época) es que es antidemocráticca. Si actuar en el mundo de lo político se reduce al pleito entre "amigos" y "enemigos", entonces se cancela la posibilidad de diálogo democrático. Y ser democrático es mi premisa por la cual no puedo aceptar a Schmitt.

Los segundos, los de los excesos no justiciables, creo está comprendido en lo que llamé "excesos excepcionales".

Y aquellos que "aplauden los crímenes" ya estaría incorporado en lo que llamé "versión extrema del Pinochetismo".

3) Sí, "salvar al pais del Marxismo" es psiquiatricamente patológico. Pero ellos "dijieron eso", me remito a la "Declaración de Principios del Gobierno de Chile" (Junta Militar, redactada por Guzmán) de 1973. Ahí lo dice, por muy equivocado que esté.

4) Sí, el pinochetismo es contramayoritario. Es que apelar a "derechos fundamentales o constitucionales" es precisamente eso (barreras que ni aun la voluntad mayoritaria puede sobrepasar).

Pero hay versiones del pinochetismo (y esto lo omití, lo reconozco) que entienden justificado el golpe democráticamente (la mayoría de las cazerolas y el maiz lo pedía). Pero es que la legitimidad democrática no es sólo apelar a la mayoria "tal cual". Es, más bien, la mayoría contabilizada formalmente (mediante elecciones secretas, conteo público, etc). Y ese último elemento creo que le falta -sí o sí- al pinochetismo. 

5) Sí, que el pinochetismo es irracionalista es una conclusión clara. Así suelen ser los nacionalismos y patriotismos: "defiendo X no por que X sea lo mejor, sino porque X es chileno" (la famosa chilenidad). Al final, esa "recelo a lo extranjero" del que hablé no es más que taparse los oidos al debate de razones (vengan de donde vengan)

Estoy totalmente de acuerdo, pero no creo que un pinochetista pueda definirse a si mismo como irracionalista. Bastará con decir que son nacionalistas. Afirmar que son irracionales volvería ofensivo el concepto.

También es cierto que Pinochet no era un intelectual. Es que la intelectualización vino del lado de Guzmán. Con él es con quién hay que entenderse.

(perdí la cuenta....jajaja)

 

Pero finalmente: tu afirmación de que : "No creo que pueda haber diálogo o reconciliación sin verdad y justicia como procesos previos " es grave.

No, todo lo contrario, primero es el dialogo y después la verdad y la justicia (y no al reves).

a) Primero el diálogo porque creemos que es el único medio legítimo en Democracia de arribar la verdad. Lo contrario sería inquisición.

b) Primero el diálogo antes que la justicia porque de otro modo sería simple venganza. Tanto Justicia y venganza implican castigo, es cierto. Pero la razon del castigo en la venganza es que "tú antes fuiste mi enemigo, me heriste y ahora te hiero yo". Y la razón del castigo en la justicia (única democráticamente aceptable) es "Puedes haber tenido razones para herirme, pero nuestras razones refutan a las tuyas, por eso te herimos ahora". Sólo la justicia es Democrática y presupone el dialogo, castigo sin dialogo es venganza. Eso sí que no.

Por último: Es cierto, hay buenas razones para creer que la definición objetiva es imposible epistemológicamente. Pero hay también buenas razones democráticas para seguir intentándolo (aunque nos demos contra una pared)

Ahí el dilema pasa a ser tuyo: cuando hablas de política -como ahora- ¿Eres primero un científico espectador o un democrata participe?.


Deseable Diálogo de Sordos

Enviado por el 02/04/2007 a las 07:45 PM
Amado de Mérici
No creas que no he seguido dándole vueltas a este asunto. Mi conclusión, de momento, es que es probablemente un diálogo de sordos. Quizás no sea posible una definición inofensiva de pinochetismo. Cuando yo lo definí finalmente como movimiento militar de restauración social fui, en realidad, bastante generoso, porque la definición que más conviene a Pinochet cum sui se encuentra en las páginas del Código Penal: en las páginas sobre la asociación ilícita para delinquir, secuestros y homicidios en primer grado con alevosía y premeditación, y también en las páginas de seguridad interior del estado, por traición a la patria e incitación a subvertir el orden público y las instituciones de la república. Sólo que al agregar ‘restauración social' convierto a la banda de delincuentes encabezada por Pinochet en una banda de actuaba por obediencia, vale decir, cometían crímenes por encargo, y esos encargos y sus autores intelectuales eran de orden político. Los autores intelectuales de la intervención militar son Nixon y Kissinger, con la colaboración de personajes como Agustín Edwards y el embajador norteamericano en Santiago de la época.

Obviamente, estos alcances sobre el pinochetismo no serían aceptados por los pinochetistas. Pero ¿quiénes son estos y cómo se definen? Yo conozco a unos que niegan absolutamente las torturas y los asesinatos y lo atribuyen a la propaganda comunista. Llaman comunista a todo aquel que se oponga a sus puntos de vista -cambiantes, por lo demás. Hay otros que reconocen las torturas y asesinatos, pero como excesos no autorizados e individuales. Aún así, insisten en que los autores de esos crímenes no deben ser juzgados. Y hay otros pinochetistas, como algunos de la calaña que escriben en estas páginas, aplauden los crímenes e incluso afirman que fueron demasiado pocos y que habría que volver a imponer otra dictadura para torturar y eliminar realmente a todos los opositores -o sea, a todos los comunistas, desde arzobispos hasta vándalos anarquistas.
Me limito a tres pinochetistas típicos. A ninguno de ellos le gustaría mi definición. Pero ¿cómo aceptar sus propias posibles definiciones? Muchas de ellas son simplemente absurdas y abandonan el plano de lo político para inscribirse en el plano de lo psiquiátrico. Por ejemplo, que salvaron a Chile del marxismo. Por más vueltas que le des, la frase es hueca y no significa nada. Y, además, si se quisiera decir con ello que impidieron, por ejemplo, un golpe de estado comunista, la afirmación es falsa desde todo punto de vista.

Siempre es curioso observar las definiciones de sí mismo que hace la gente. Marx decía que había que desconfiar de las definiciones de sí mismo. Supongamos que la afirmación ‘salvamos a Chile del comunismo' tuviese algo de sentido (o sea, que gracias a la intervención, no hubo en Chile un régimen comunista), ¿no podría yo rebatir que efectivamente, pero que esa era la voluntad mayoritaria de los chilenos, de construir una sociedad socialista? Entonces habría de concluir un partidario de Pinochet que este, por algún designio, quizás divino, tenía el privilegio de intervenir y rechazar la voluntad de los chilenos por ser esta enemiga de ¿qué? ¿De Estados Unidos? ¿De las tradiciones chilenas, por ejemplo, de la rayuela? Entonces el pinochetista podría terminar diciéndome: Pues, bien, el pinochetismo es bueno porque se me da la real gana.

El problema que quiero subrayar es que al definir pinochetismo entramos en un terreno donde se abandonan los criterios normales de la razón y el raciocinio. El pinochetismo, como otras formas de fascismo y caudillismo, es enemigo de la razón, porque esta es vista ,- por su lógica, por su encadenamiento de consecuencias, por su universalismo- como enemiga de la voluntad. Y el pinochetismo se funda únicamente en la voluntad del jefe, y la voluntad del jefe no es posible de ser conocida y sometida a escrutinio, porque este acto de transparencia, tan común en las sociedades normales, en los regímenes y gobiernos totalitarios es considerado de inspiración hostil porque obliga a revelar tus intenciones, y eso es lo que el enemigo quiere. Me estoy imaginando que definir el pinochetismo revela en sí mismo una intención hostil al pinochetismo y es por consiguiente, desde un punto de vista inmanente, una actividad subversiva y comunista. Bien, esto es una psicopatología. Al final del camino, cuando se descubre la terrible banalidad y mediocridad del cabecilla máximo, y el hecho de que no es posible creer que actuara por lo que dice, habida cuenta de las barbaridades y contradicciones de sus actuaciones y de la documentación disponible sobre sus actividades y tratos, se entiende que Pinochet no tenía nada que decir sobre sus actos y decisiones, porque sus motivos eran, socialmente hablando, inconfesables. (Socialmente inconfesables son cosas como, por ejemplo, follar con la mamá, violar a bebés, comer carne humana, ser espía de un país extranjero o recibir dinero de este).

Un pinochetista puede negar y declarar como falso que Pinochet traficara armas o cocaína o que participara personalmente en los interrogatorios de los detenidos que luego eran asesinados y hechos desaparecer. Supongamos que por la enormidad de las evidencias de que disponemos, el pinochetista accediera a que hubo excesos. Supongamos que aceptáramos que estas prácticas fueron excesos, ¿no debiésemos, en vista de su natural aceptación entre sus partidarios, aceptar que la voluntad del jefe era un principio incuestionable del régimen? ¿Y que, consecuentemente, preguntar sobre los motivos de esa voluntad era igualmente un acto de hostilidad? O sea, definir el pinochetismo sin admitir como válida la definición que darían los pinochetistas de sí mismos, sería claramente un acto hostil. Bien, este modo de razonar abandonó hace mucho tiempo el campo de lo normal. Aquí, si aceptas la autodefinición pinochetista, tendrías que aceptar su definición de ‘comunismo' y ‘comunistas', porque en la autodefinición (por ejemplo, salvó a Chile del comunismo) se incluyen elementos ajenos al discurso normal del resto de la sociedad (llaman comunistas a los opositores, desde pensadores y políticos conservadores, hasta anarquistas, algunos de los cuales son enemigos acérrimos de los comunistas, y católicos de Acción Social). En otras palabras, aceptar como válida alguna autodefinición, requiere aceptar que las víctimas del régimen eran en realidad agentes, militantes o espías comunistas o rusos y cubanos y que gracias a que fueron eliminados es que se salvó a Chile de una dictadura roja, lo que, evidentemente, es un macabro absurdo -como es un absurdo que el arzobispo fuera comunista, o que el senador democristiano que mandó a matar en Italia fuera comunista y así ad absurdum.

Trato de decirlo de otro modo: Aceptar que Pinochet era un patriota equivaldría a ignorar lo que sabemos, y que no podemos no saber, y es que Pinochet recibió dinero de una potencia extranjera -Estados Unidos- para hacer lo que hizo y, sobre todo, equivaldría a aceptar que defendió a Chile de antipatriotas o comunistas. Se podría argumentar, sobre lo primero: Sí, pero aceptó ese dinero porque lo necesitaba para la causa de la intervención militar. En la embajada norteamericana, en esos años de principios de los setenta, se recibían peticiones de dinero -de parte de Viaux y Patria y Libertad- para comprar armas -la embajada las entraba por valija diplomática, hasta que la práctica fue considerada peligrosa- para comprar armas y explosivos con los que cometer atentados. Con estas armas se asesinó al general Schneider, de cuya muerte trataron de culpar a terroristas de izquierda. ¿Era comunista Schneider? ¿Era agente ruso? ¿Cubano? ¿Cómo podríamos aceptar la definición de patriota del pinochetismo cuando esta definición lo opone a los militares ‘constitucionalistas', que eran obviamente patriotas?

Un problema adicional es que Pinochet no legó discursos ni escritos coherentes sobre los que construir alguna suerte de ideología oficial. El principal documento -El Libro Blanco- es una sarta de falacias y estupideces, y fue escrito febrilmente para justificar ante los chilenos el golpe de estado. Pronto pasó al olvido. Las frases sueltas del general no alcanzan para un breviario ideológico, porque el dictador simplemente no era un ideólogo ni era demasiado culto. (Cuando escribo "sarta de estupideces", algunos van a protestar. Pero ¿cómo llamar de otra manera a esa novela inverosímil donde se afirmaba que había un plan Z comunista que posteriormente nadie volvió a mencionar, por lo evidentemente falso que era?)

Me pregunto si acaso la frase que tanto usamos sobre la necesidad de diálogo y la reconciliación tienen algún sentido o si son realmente razonables. No creo que pueda haber diálogo o reconciliación sin verdad y justicia como procesos previos. ¿Cómo voy a aceptar como a un igual a unas personas que niegan o justifican crímenes terribles y espantosos y que no los cometieron por los motivos que ‘confesaron'? Por ejemplo, ¿qué motivo político tenía sacar el oro de las dentaduras de los detenidos que iban a ser desaparecidos? (Si preguntas esto, un pinochetista diría que tu pregunta delata que eres comunista). ¿Así se acababa con el comunismo?

No, lo necesario es hacer justicia. Es indispensable que esa gente confiese, cuente lo que hicieron y revele quiénes fueron los autores y dónde están los cuerpos de sus víctimas. Es necesario que sean procesados y condenados. Es necesario que las familias de las víctimas sean desagraviadas. Y el estado reconozca el terrible dolor causado a esas familias y se haga cargo. Es necesario que las fuerzas armadas limpien sus filas y hagan suya nuevamente la ideología constitucionalista que animó a los generales y otros militares de bien que Pinochet asesinó tan cobardemente. Quizá no la reconciliación el diálogo pierden sentido sin no hay verdad. Yo quiero verdad. Justicia. Y castigo.

En conclusión, definir pinochetismo atribuyéndole motivos políticos o ideológicos coherentes, es una imposibilidad epistemológica.

Dos veces!

Enviado por el 02/04/2007 a las 08:04 PM
Amado de Mérici
No sé qué pasó ni sé cómo borrar la repetida!

Pablo,

Enviado por el 08/04/2007 a las 12:22 AM
Amado de Mérici

Pablo, creo que muy importante en mi argumentación es que si aceptaras unas de las posibles definiciones propias de un pinochetista, harías en primer lugar violencia a las definiciones propias de otros participantes en el proceso y, claro está, a la realidad. Por ejemplo, si pretenden que ‘salvaron a Chile del comunismo', tendrías que aceptar que eso efectivamente fue así o que tiene algún viso de realidad, lo que sería imposible de probar. Tendrás que aceptar sus evidencias de que los marxistas planeaban una revolución violenta o un golpe de estado, y esas evidencias no existen. (El Plan Zeta, el producto de una mente distorsionada, no podría ser tomado en serio). Tendrás que aceptar que las víctimas de la dictadura fueron comunistas descubiertos cuando planeaban un golpe de estado o una revolución o atentados terroristas, mientras que sabemos que los detenidos, en su inmensa mayoría, no eran ni comunistas ni marxistas -y sabemos que los que sí eran comunistas o marxistas no habían cometido delito alguno que justificase que fuesen tratados del modo que lo fueron. O sea, tendrías que hacer tuya la transformación del concepto ‘detenido desaparecido' (inocente) en ‘terrorista comunista ejecutado'.

La idea de que un ‘comunista' o un ‘marxista' es un enemigo que debe ser eliminado, es un concepto intratable y sobre todo ajeno al universo conceptual, epistemológico, donde crecimos todos. No comete alguien un delito por pensar que una mejor sociedad debiese basarse en la propiedad colectiva de los recursos vitales. Alguien -un ciudadano con nombre y apellido y domicilio conocidos- comete delito cuando incurre en alguna de las conductas tipificadas como tales en el aparato jurídico de nuestra sociedad. Ser ‘comunista', ser ‘de izquierdas', no fue antes un delito -y, de acuerdo a la letra, tampoco lo fue durante la dictadura. (Lo que muestra de paso que la dictadura chilena, como otras, actuaba con dos legislaciones -una secreta y otra pública-, que aplicaba sistemáticamente).

A menudo los pinochetistas utilizan como argumento que en Chile reinaba el caos y un clima de guerra social. Y que poner fin a ese caos era el objetivo del golpe de estado. Todo esto es muy discutible. El presidente Allende, según sabemos ahora, quería llamar a un referendo que habría dirimido definitivamente el asunto. Había incorporado a militares en su gabinete justamente para formar un gobierno de unidad nacional. Pero Estados Unidos y la extrema derecha se oponen a una solución pacífica, fundamentalmente porque entienden, y temen, que los resultados electorales sigan favoreciendo a candidatos comprometidos con las reformas del país, y eso es lo que hay que destruir. Muchos esperaban que la intervención militar duraría poco tiempo y que pronto se llamaría a elecciones; nadie imaginaba, creo yo, la brutalidad, irracionalidad y crueldad del gobierno de Pinochet. A este le habían ofrecido el oro y el moro por su participación, y no podrían sus patrones apartarle así como así después del golpe. La violencia y crueldad de Pinochet se deriva en parte de su necesidad de demostrar que estábamos en guerra, y para ello era necesario torturar y matar, con el fin de atemorizar a los ciudadanos, provocar resistencia e impedir toda reconciliación. Había que matar para producir víctimas y cadáveres y demostrar con ello que estábamos en guerra.

Otro punto en la defensa del pinochetismo es el que supone que hubo excesos. Y que esos excesos deben ser olvidados o perdonados y/o que sus autores deben ser llevados a justicia. Este es un punto difícil: la confesión de un miembro del equipo de criminales del general Contreras, de que sacaban los dientes de oro y otras pertenencias de valor a los detenidos asesinados y que iban a hacer desaparecer, presumiblemente con el fin de venderlos. Es imposible imaginar que Contreras mismo, el jefe máximo, no estuviese enterado de la práctica, si se considera que, según el testimonio, varios agentes se encargaban de esta tarea. Pero el problema es que el tipo de delitos de los que se hicieron culpables los militares y agentes y otros cómplices de Pinochet, son delitos que no pueden ser perdonados ni olvidados, hasta tal punto que nuestra legislación (la anterior y la nueva) los tipifica como de ‘lesa humanidad' y son, por tanto, ‘imprescriptibles'. Que estos monstruos no fueran procesados durante la dictadura, y que los partidarios de la dictadura defiendan a estos esperpentos, dice todo sobre el importe moral del gobierno autoritario. Pero el problema grave es este: ¿por qué debiésemos ignorar nuestras propias leyes y las internacionales, y violentar nuestras ideologías morales justificando o perdonando a seres como estos criminales que, hablando generosamente, ya debiesen haber sido juzgados y encerrados a perpetuidad? ¿Por qué debiésemos suspender nuestro juicio moral?

Es probable que el único refugio posible de una definición inofensiva, sea la de nacionalista. En ese caso, habría que detenerse a pensar en la coherencia de la afirmación, considerando las evidencias de que disponemos sobre el trasfondo del golpe de estado. Y quedaría por explicar cómo o por qué surge un movimiento nacionalista en un contexto histórico en que el país no se encontraba en peligro frente a poderes extranjeros -excepto, obviamente los intereses que Pinochet resolvió servir.

Obviamente soy partidario del diálogo, que es evidentemente la base de la vida política. Pero cuando se trata del pinochetismo no estamos hablando de política. Estamos hablando de un grupo de gente que cometió crímenes sin nombre, el peor de ellos el asesinato de tres mil ciudadanos chilenos, y que son delitos de naturaleza tal que no pueden ser justificados por las circunstancias. O sea, estamos hablando de un grupo de delincuentes o de seres patológicamente pervertidos, no de políticos. A los delincuentes se les exige que se sometan a justicia y colaboren con ella, con la promesa de que tras el cumplimiento de la pena, podrán volver a la sociedad. Eso se exige a los pinochetistas.

No entiendo la preeminencia del diálogo. Al contrario, creo que la verdad y la justicia son principios básicos, haya o no diálogo posteriormente. ¿Puedo uno hablar de diálogo cuando trata con criminales? Yo creo que no. El diálogo con criminales pertenece a la esfera de lo judicial; es asunto de jueces, fiscales y abogados y testigos, que son categorías muy específicas de ciudadanos. No veo el motivo para dialogar con delincuentes y criminales, excepto en el ámbito restringido de los programas de rehabilitación, privilegios carcelarios y ese tipo de materias. Dejando de lado los aspectos morales, desde un punto de vista práctico, ¿a santo de qué vas a dialogar con esa gente? El mal es poco interesante.

[Creo que la manera en que son tratados los pinochetistas en Chile, ilustra el modo en que el país se ha convertido en un país con gran tolerancia de las aberraciones morales. Aquí hay un partido pinochetista tolerado y que incluso participa en elecciones, mientras que en la mayoría de los países europeos estaría probablemente prohibido y sus dirigentes estarían en la cárcel o permanentemente compareciendo ante tribunales, porque las legislaciones europeas penalizan la difusión de estas ideologías totalitarias, lo que, por ejemplo, incluye cosas como la negación del Holocausto.
En Chile negar los crímenes de la dictadura no es un delito. Elogiar o ensalzar al gobierno militar tampoco es un delito. Insultar o difamar la memoria de las víctimas y sus familiares, como lo hacen algunas gárgolas de este portal, tampoco es un delito. Han pasado más de treinta años, y aún continúan, presuntamente, los juicios, todavía caminan criminales por las calles del país, y todavía no conocemos el destino y sepultura de muchos de los detenidos desaparecidos.
La idea de dialogar con esa jauría de chacales provoca escalofríos.]

Creo que no tengo nada más que decir sobre este asunto. Pero, pienso que sería muy interesante que alguien desapasionado interrogase por ejemplo a un pinochetista y lo confrontase directamente con sus contradicciones y sin sentidos, sin ánimo de provocación, sino como meras constataciones de una serie de conductas. Yo he tratado de entrevistar, incluso de sostener un diálogo más desapasionado y coherente con pinochetistas, y me ha resultado imposible. A poco de andar la conversación, ya te encuentras con afirmaciones dudosas o no comprobadas, y escandalosas contradicciones o incoherencias. Esto quiere decir, creo, que las definiciones de sí mismos de los pinochetistas (así como de otros) deben variar enormemente, con lo que una definición parecería a otros pinochetistas insuficiente, errónea o engañosa. O sea, que la definición debería satisfacer tanto a los que niegan los crímenes, por ejemplo, como a los que los reconocen pero ensalzan -que son posturas enteramente antagónicas. Así, el concepto ‘pinochetista' es exterior, como es exterior que llamemos hienas a esos perros salvajes carroñeros, que ignoran ser hienas.



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