Flores nocturnas Silvio Rodríguez (1991)
Se abren las flores nocturnas de quinta avenida CICERONE
para esos pobres señores que van al hotel.
Flores que rompen en la oscuridad,
flores de guiños de complicidad,
flores silbando suicidios,
flores de aroma fatal.
¿Qué jardinero ha sembrado la quinta avenida
con variedad tan precisa de nocturnidad?
¿Cuál es su especie y cuál su país?
¡Qué fino abono nutrió su raíz,
dándoles tono silvestre?
¿Dónde estará su matriz?
Flores que cruzan las puertas prohibidas,
flores que saben lo que no sabré,
flores que ensartan su sueño de vida
en guirnaldas sin fe.
flores de sábanas con ojos,
flores desechables,
campanillas del antojo.
Flores comiendo sobras del amor.
Brotan, rebotan, explotan por quinta avenida.
Son arrancadas y parten con aire veloz.
Dicen que es duro el oficio de flor
cuando sus pétalos se ajan al sol.
Pálidas flores nocturnas,
flores de la decepción.
Flores, flores.
Ahí vienen las jardineras,
vienen regando flores...
Por aquí va la cosa!


Este sitio funciona sobre la 




































Otras de Silvio Rodríguez
Me veo claramente
mascando un pedazo de hierba mojada,
me veo claramente muy sucio y feliz.
Me veo descubriendo
descalzo un buen río de plantas ahogadas,
me veo claramente lejano de aquí.
Me veo claramente
haciendo preguntas que ya conocía
con indiferencia ante el "ya crecerás".
Me veo claramente tan aventurero,
hecho un asesino de azúcar y pan.
Me veo claramente si miro detrás.
Me veo claramente
en la mano una noche —lugar de aprenderme
con miedo y paciencia lo que era el amor—.
Me veo apretado
al calor de unas piernas, tragando del aire
un planeta tras otro, bañado en sudor.
Me veo semialzado
en la luz de esa hora, riéndole al techo,
riéndole a ella, riéndome a mí.
Me veo claramente tan digno de amantes
y breves países de felicidad.
Me veo claramente,
me veo claramente si miro detrás.
Me veo claramente
marchando a campañas de guerra entre todos
y yendo tras guerras privadas también.
Me veo claramente
la primera noche con una guitarra,
tan pálidamente como cuando fue la primera mujer.
Me veo tan atento
a los ruidos internos, feliz tristemente,
queriendo de veras ser mucho mejor.
Me veo claramente buscando palabras
que sepan dar vida y dar muerte al amor.
Me veo claramente.
Me veo si miro a mi alrededor.
Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.
Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve,
ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.
Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.
CICERONE