Ingresamos al comedor soñando con un reparador café que sacudiese nuestra serena somnolencia para recontinuar el placentero regreso a casa. En su interior todo era calido, y su entrono llamaba a paz y tranquilidad.
Todas las mesas individuales con comensales, así que no ubicamos en la cabeza de una grupal, a la espera de atención.
Nos atendió una joven con un español complicado en raíces extranjeras.
“Hola. Bienvenido”-fueron sus primeras palabras.
Chocolate caliente, café, un tomate carne palta, y dos carne queso que fueron el pedido Barros Luco no aparecía en la carta y menos en el léxico de la joven.
Mientras se preparaba nuestro pedido, el silencio embriagaba nuestros sentidos.
Y que eterno se siente el tiempo cuando el silencio y vació interior carecen de sentido- pensaba yo.
Nos impacientaba una demora imaginaria, clamábamos por una radio o TV que nos distrajera de un nosotros en olvido.
Nuestra mesa grupal fue invadida -pensé al principio- por otras tres personas.
Al principio era imposible no ser indiferente a la conversación ajena.
Fuimos escuchas espías, hasta que el aroma del café de grano y olor queso caliente anticipo su llegada.
Mi hijo ataco con alegría su chocolate caliente y con lo que fue capaz de su pan carne tomate palta. Nuestro cuerpo agradeció el café de grano y el pan carne queso.
Paladeé con placer el queso de campo y agradecí que la carne, abundante, no se rindiera al primer mordisco y no batallara el segundo. También la gentileza del servicio resistente y práctico en reemplazo del de plástico tan habitual. De la verdura, vegetales frutas naturales y no artificial.
Sobretodo, que la atención fuera a la mesa y no interminables viajes de desintegración al pago primero y posterior servicio. Nada de aderezos no deseados y cajas de publicidad mercantil.
Y sola, sin esfuerzo, sin percatarnos, la conversación nació a la convivencia integradora de la temática general y respecto a la privada, como al silencio a la comprensión
Al retíranos, no pude evitar sentir tristeza por tan maravillosos momento vividos cada vez mas lejanos a mi.
Y también por dicho lugar. Tan igual, a tantos que recuerdo de mi infancia, y que están llamados al extinción por el progreso y el desatino de una vida mejor.
Y un día. Si mi hijo mi hijo me preguntase, le explicare el secreto del encanto de lugares así.
En el “Hola. Bienvenidos”, radica el secreto.
Un “Hola” de respeto igualitario.
Un “Bienvenidos” de integración.
Pero de nosotros a ellos. Como debe la visita respetar el hogar ajeno.
Por ello no cedí a la impaciencia del reclamo. Por ello también fuimos aceptados en su gracia.
Salidos y suerte


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Hola Khq...
"Un “Hola” de respeto igualitario.
Un “Bienvenidos” de integración."
Cuánta diferencia hacen esas maravillosas palabras! y pensar estimado Khq que son palabras de amor, sí, de único y poderoso amor.
Gracias por compartir tan lindo post, sí que enriquece compartir así.
Abrazos luminosos,
Jana.
Necesitamos más palabras así:
Por favor
Gracias
De nada
Cómo estás?
Gustas tomar una taza de té?.