
Ayer diferentes autoridades tomaron determinaciones que hicieron noticia, el Alcalde de Santiago Sr. Raúl Alcaíno destituyó al Rector del emblemático establecimiento educacional Instituto Nacional, el profesor Sr. Omar Letelier, y por otra parte el Consejo Ampliado de Profesores del Liceo experimental Darío Salas canceló la matrícula de la mediatica alumna Srta. María Música Sepúlveda.
Un profesor y una alumna unidos en un similar destino: ser alejados de su lugar de estudio y/o trabajo en medio de un gran debate público a consecuencia de lo que dejó de hacer uno y lo que la otra hizo.
Sin embargo, la naturaleza de los actos que generaron ambas sanciones es muy diferente para cada caso. Por una parte el rector fue despedido por los sostenidos reclamos y el manifiesto descontento de la comunidad escolar, tanto de alumnos y profesores, como apoderados.
Las acusaciones en contra del rector encontraron ecos de respaldo también en la exposición, ante las cámaras de televisión y de los reporteros gráficos, del deplorable estado en que se encontraban las dependencias del histórico establecimiento educacional.
Esas mismas cámaras fueron a su vez las que mediatizaron el osado acto de la niña Maria Musica en el momento en que arrojaba el contenido de un jarro de agua sobre el rostro de la mayor autoridad educacional del país.
Podría decirse que el primero fué despedido por su mala gestión, y la segunda alejada a consecuencia de un acto espontáneo e irreflexivo en contra de la autoridad.
Si bien ambos casos solo están unidos por su contemporanidad y el hecho de que ambos protagonistas desarrollaban su principal actividad en el área educacional, en las dos situaciones la comunidad puede ver el atisbo de una señal que tal vez coincidencialmente están relacionadas.
Apoderados y alumnos se agolparon en las afueras del Instituto Nacional para protestar aburridos de las continuas interrupciones de las normales actividades dentro del establecimiento debido a las “tomas” materializadas solo por un puñado de alumnos que actuaban a la vista, paciencia y permisividad del citado rector.
La comunidad, extrañamente, salía a la calle a reclamar por la falta de iniciativa de la autoridad superior en la adopción de una médida drástica acorde a la situación.
Similares voces se escuchaban en torno a la actitud de la joven Mª Música en el seno del centro de padres del Darío Salas, cuya eventual vocera, (su presidente), manifestó que una cantidad importante de apoderados apoyaban no solo cancelación de la matrícula de la niña, sino que también la todos los alummnos que forman parte de su movimiento.
Al parecer, ambos casos se han generado en un ambiente de falta de celo y exceso de permisividad de la autoridad inmediatamente superior a cada uno de sus protagonistas, el que fue despertado de su letargo por el clamor de las partes de la ciudadanía que se ven afectadas por la negligencia de uno y la osadía de otra.
Asi es como parte importante de la ciudadanía ve con alivio estas manifestaciones de la autoridad, como si las mismas fueran un inicio, una señal, un indicativo de que ella está allí para resguardar los intereses de la ciudadanía toda y de que teniendo los elementos para corregir, enmendar y sancionar… los ha de usar.
Es deseable que esta actitud no se quede pasmada en el castigo justo o excesivo aplicado solo en estos casos, sino que se haga extensiva a todos los ámbitos y estratos de nuestra sociedad donde tenga cobertura, y que tanto el empleado común, como el alto funcionario, tengan claro que existe reglas y una cancha bien rayada.
Es querible que aquellos que están acostumbrados a transgredir las reglas y normas amparados en sus vínculos sociales o políticos con quienes han de fiscalizarles, o en la suerte de fuero que se arrogan en razón de su fuerza, o por último en la supuesta inmunidad que pretenden por su alta investidura, sean capaces de sentirse, en algún grado, vulnerables en razón de su mal proceder.
Es de esperar que estas efectivamente sean señales de un despertar de la autoridad, tanto de su celo fiscalizador como resolutivo, en la función de resguardar los intereses de aquellos que no se cubren los rostros, ni queman neumáticos, rompen vitrinas, bloquean las calles o caminos, para exigir sus derechos de estudiar y/o trabajar, o simplemente de vivir… en paz
Tom
Es cierto Tom