La luna le destejió lentamente el vestido, Alma veía ascender y correr los hilos entre los dedos de sus manos, miraba fijo hacia arriba, la luna sonreía mientras enredaba los hilos de colores en una pequeña estrella acabada de nacer.
Aquello era un silencio estremecedor, algo habían hablado Alma y la luna, se trataba de un extraño acuerdo entre las dos, nadie sabía de qué se trataba sólo veían el vestido irse destejiendo, en tanto, la piel morena y perfumada de Alma iba quedando al descubierto.
Al transcurso de unos minutos, desnuda, Alma comenzó a susurrar una hechizante canción de cuna mientras se mecía melancólica en aquel columpio que ahora nadie ocupa; algo milagroso ocurría, podía sentirse en la piel, en cada uno de los sentidos, algo mágico en aquella entrega de Alma había.
Tristemente para todos los que amaban a la dulce y callada chica, jamás se le volvió a ver, desapareció sin dejar rastro; nadie ha sabido de ella, como tampoco jamás nadie ha vuelto a escuchar ese arrullo estremecedor que se dice allá en el pueblo, curó a decenas de niños que morían sin remedio alguno en una terrible epidemia.
Jana Regalado.
Por aquí va la cosa!


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Bello relato...una preciosidad. Felicidades.
Saludos