Hace mucho que no tenía una tarde de paseo, un domingo en Santiago de Chile. y hoy fue un verdadero placer urbano lleno de reencuentros notables con mi ciudad. Me invitaron a almorzar al 'squadritto' restaurant italiano que queda en la calle Rosal. Luego caminamos hasta llegar al Bellas Artes, estaba lleno de niños, familias, vendedores, con un producto genial: una varita con muchos pajaros que sonaban y estos vendedores lo hacian circular por nuestras cabezas. Desde el Museo, como una gran galería, vimos por una hora un gran espectáculo de dos mimos que su escenario era la calle y tomaban como protagonistas para su rutina, a los autos, se subian a los techos, se hacian los atropellados, se subian a los autos, una rutina de alto riezgo pero genial, algunos se lo tomaban con humor, otros muy molestos -nuestro humor chileno, cuesta que salga en lo espontáneo- pero lo cierto que el espectáculo era para nosotros que veiamos desde el bellas artes, eramos muchos su público, quedamos impresionados con lo exquisita de la rutina de estos dos mimos.
luego tomamos un café -en los varios que ya hay en el sector, junto a tiendas muy entretenidas- había una tienda de ropa para hombres, con unas camisas y abrigos muy cool, y muy lindos, me pregunto: ¿dónde estan los hombres en Chile que se visten asi? la mayoría de las tiendas abiertas, lo cual me dio gusto para ser tarde de domingo.
Dentro de esta tarde en el café -con un 'cortadito' ya muy chileno- pedirlo fuera de nuestras fronteras es realmente algo muy díficil- llegue a la poesía que les quiero regalar, de Enrique Lihn, otro gran componente chileno de mi tarde.
"La pieza oscura" es exquisita, deliciosa, que evoca la inocencia y muchas tardes de domingo que habitan en nuestra memoria...y en fin, para compartir este domingo muy especial en nuestro hermoso santiago, con un lindo sol que se filtro en nuestro agosto, para todos ustedes que he leído este fin de semana, con grandes análisis internacionales, nacionales, y del espíritu, aqui va para terminar una semana, atinando bien para mañana LUNES.-
"La pieza Oscura"
La mixtura del aire en la pieza oscura, como si el cielorraso hubiera amenazado una vaga llovizna sangrienta.
De ese licor inhalamos, la nariz sucia, símbolo de inocencia y de precocidad juntos para reanudar nuestra lucha en secreto, por no sabíamos no ignorábamos qué causa;
juego de manos y de pies, dos veces villanos, pero igualmente dulces que una primera pérdida de sangre vengada a dientes y uñas o,
para una muchacha dulces como una primera efusión de su sangre.
Y así empezó a girar la vieja rueda -simbolo de la vida- la rueda que se atasca como si no volara, entre una y otra generación, en un abrir de ojos brillantes y un cerra de ojos opacos con un imperceptible sonido musgoso.
centrándose en su eje, a imitación de los niños que rodábamos de dos en dos, con las orejas rojas -símbolos del pudor que saborea su ofensa- rabiosamente tiernos, La rueda dio unas vueltas en falso como en una edad anterior a la invención de la rueda En el sentido de las manecillas del reloj y en su contrasentido.
Por un momento reinó la confusión en el tiempo. Y yo mordí, largamente en el cuello a mi prima Isabel,
En un abrir y cerrar del ojo del que todo lo ve, como en una edad anterior al
pecado
pues simulábamos luchar en la creencia de que esto hacíamos; creencia rayana en la fe como el juego de la verdad
y los hechos se aventuraban apenas a desmentirnos
con las orejas rojas.
Dejamos de girar por el suelo, mi primo Ángel vencedor de Paulina, mi hermana; yo de Isabel, envueltas ambas
ninfas en un capullo de frazadas que las hacía estornudar -olor a naftalina en la pelusa del fruto-
Esas eran nuestras armas victoriosas y las suyas vencidas confundiéndose
unas con otras a modo de nidos como celdas, y de celdas como
abrazos, de abrazos como grillos en los pies y en las manos.
Dejamos de girar con una rara sensación de verguenza, sin conseguir
formularnos otro reproche
que el de haber postulado a un éxito tan fácil.
La rueda daba ya unas vueltas perfectas, como en la época de su aparción en el mito, como en su edad de madera recién carpintereada
con un ruido de canto de gorriones medievales;
el tiempo volaba en la buena dirección. Se lo podía oír avanzar hacia nosotros.
Mucho más rápido que el reloj del comedor cuyo tic-tac se enardecía por romper tanto silencio.
El tiempo volaba como para arrollarnos con un ruido de aguas espumosas
más rápidas en la proximidad de la rueda del molino, con alas de gorriones -símbolos de salvaje orden libre- con todo él por único objeto desbordante
y la vida -símbolo de la rueda- se adelantaba a pasar tempestuosamente
haciendo girar la rueda a velocidad acelerada, como en una
molienda de tiempo, tempestuosa.
Yo solté a mi cautiva y caí de rodillas, como si hubiera envejecido de golpe,
presa de sulce, de empalagoso pánico
Como si hubiera conocido, más allá del amor rn la flor de su edad, la
crueldad del corazón en el fruto del amor, la corrupción del fruto y
luego...el carozo sangriento, afiebrado y seco.
¿qué será de los niños que fuimos? alguien se precipitó a enscender la luz,
más rápido que el pensamiento de las personas mayores.
Se nos buscaba ya en el interior de la casa, en las inmediaciones del molino.
molino: la pieza oscura como el claro de un bosque.
Pero siempre hubo tiempo para ganárselo a los sempiternos cazadores de niños. Cuando ellos entraron al comedor, allí estabamos los ángeles sentados a la mesa
ojeando nuestras revistas ilustradas -los hombres a un extremo, las mujeres al otro-
en un orden perfecto, anterior a la sangre.
En el contrasentido de las manecillas del reloj se desatascó la rueda antes
de girar y ni siquiera nosotros pudimos encontrarnos a la vuelta del vértigo, cuando entramos en el tiempo
como en aguas mansas, serenamente veloces;
en ellas nos dispersamos para siempre, al igual que los restos de un mismo naufragio.
Pero una parte de mí no ha girado al compás de la rueda, a favor de la corriente.
Nada es bastante real para un fantasma. Soy en parte ese niño que cae de rodillas
dulcemente abrumado de imposibles presagios
y no he cumplido aún toda mi edad
ni llegaré a cumplirla como él
de una sola vez y para siempre.
Por aquí va la cosa!






















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