Como cuando extravío mis cosas,
y camino solo en la casa dormida,
olvidando la administración atérida en los huesos,
y de aquellos murcuelagos aferrados con dientes y garras a las tripas de mi sombra,
en las piezas desvariadas de ropa y utencileos nacidos de artefactos propagados en rincones desteñidos.
Me visto con difusos licores que me llevan a cierta condena diaria,
de metales y lagrimas enmudecidas.


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