… SIN VERSOS …
Dicen que uno no se acuerda de su nacimiento y eso es verdad sólo para el efecto de las etapas físicas aunque no de la conciencia y el espíritu ya que llevo grabado no como un hecho sino como un karma la singular unión de tu destino pesando en mí como una condena o un compromiso eterno más bien un edicto expresado sin palabras y válido sólo para vivirlo.
Entonces comencé a llorar.
Fue lenta la labor del tiempo y lento el trabajo de mi vida y sin percatarme por fin llegué a tu existencia en un encuentro que duró años donde te conocí y frecuenté te admiré y me ofreciste tu amistad espontánea suavemente mesurada en una bullente calle de nuestra ciudad una noche fría de luna llena y abierta cual nuestra impaciencia una noche retratada en tus ojos amplios y oscuros tranquilos vulnerables y ausentes súbitamente alegres y vivaces como un incontenible retoño de felino retozando en mis sentidos.
Entonces te besé.
Todos mis sentidos se agolparon en mi boca y mi respiración sin pensamientos ni palabras sólo estabas tú el pudor tibio de tus mejillas y el entrelazamiento de nuestros destinos.
Entonces fue verano.
Miré desde la apacible llanura de tus ojos dormité en el tibio verso de tu aroma traspasé el tenue cristal de las fantasías y tu ángel silencioso para sumergirme en tu brillo de espuma y su canción más allá de las ilusiones.
Entonces la luz surgió de una puerta entreabierta…
Roberto.


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